Era una hormiga roja. No sé dónde comenzamos a caminar ese camino, si fue un dulce derretido una gota de agua o una caca de perro ¿cacas de perro se vale? Tampoco se por qué comenzamos ese camino o cómo o cuándo. Por eso me salí del camino que todas las pinches hormigas rojas formaron: porque, además, no quería llegar al final del camino. Pero después me regresé: afuera del camino hacia frío y era de noche y oscuro y yo estaba todo asqueroso y maltratado y hecho polvo. Había más hormigas haciendo eso, saliendo del camino, digo. Pero eran pocas. Me volví a salir y me regrese. Así hasta que una de las hormigas rojas pregunto ¿y ahora que se traen? Y nos siguió. Salimos del camino y regresamos, salimos de nuez y volvimos a regresar. Agh. Todo se vuelve confuSo ¿Seguí intentándolo? …hasta que más hormigas rojas preguntaran también ¿y ahora que se traen? a lo mejor al juntar un número crítico de hormigas rojas todas a una estarían fuera del camino y YA NO HABRIA REGRESO.
Y si nos hallamos un elefante loco pues lo ahorcamos o le invitamos o de plano mejor le dejamos bañarse en el río.
La imagen, de nuez, del Jefe
Está poca madre.
!Todos a seguir el camino de hormigas!
11 July 2003 a las 10:28
Un poema donde viene la palabra HORMIGAS. Del maestro Alí Chumacero, mexicano:
Poema de amorosa raíz
Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.
Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides;
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.
Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;
antes, antes, muy antes.
Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.
11 July 2003 a las 17:18
Poema de las HORMIGAS.
de Ramón López Velarde.
A la cálida vida que trascurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.
Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.
Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.
Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.
Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
11 July 2003 a las 23:05
Que será.
12 July 2003 a las 1:02