Cambiar de dirección no es demasiado complicado. Cuando te lo propones no es. Claro, corres el riesgo de engañarte a ti mismo. Pero siempre es posible hurtar el cuerpo a las viejas arpías de voces melosas que te comen la esencia a cada instante. Esas jodidas sombras negras que dejaron de echársete encima cuando no eras sino minúscula morusa en el infinito espacio sideral proyecto de ser humano agobioso agobiante fulminante y abrumador. Cambias de dirección sin demasiados rodeos y te preparas para los ataques. Una vez que te das cuenta de las múltiples posibilidades te sucede una de dos cosas. O pasas de lo que viste. O te pones las pilas. Lo mejor es ponerse unas pilas nuevas. Unas recién cargadas. No unas de zinc-carbón sino unas de veras poderosas. De esas que tienen por dentro compuestos metálicos de nombres complicados. Ese tipo de compuestos que hierven y que desmadran tu piel si te caen encima. Que pueden generar diferencias de potencial estables por infinitos lapsos de tiempo. A veces sucede que pasas de lo que viste. Dices: luego me pondré las pilas. Y pasas de todo. Hasta que te cansas. Te cansas de ser un imbecil y te pones manos a la obra. Tambien corres riesgos. Siempre corres riesgos. Supongo que la vida es así de tramposa. La infeliz vida injusta y luminosa que sucede acá en el planeta tierra donde todos estamos estacionados escribiendo blogs y echando desmadre sin demasiadas contemplaciones. Luego ya. En este caso los riesgos son más desgraciados. Vas y dices luego y mientras te prendes fuego y te quemas en un instante y tu vida se extingue como flama ridícula. Y nunca más tendrás la oportunidad de ponerte las pilas Tu y tus luegos desmadraron todo. Esos son los riesgos. Ni se por qué escribo esto. Siempre me ando preguntando de qué va todo este montaje llamado vida. Y a veces me pongo las pilas y a veces paso de todo. Así en un continuo estando aquí sin estar aquí. Siempre metiendo las manos al fuego. Sin detenerme a cavilar un segundo acerca de las consecuencias y tal. Creo que por eso tengo raspones y chichones y arañazos y como animal agraviado y eso. Y por eso, tambien, una conciencia muy clara del escenario a donde hemos sido arrojados con nuestro guión grabado a fuego en nuestra mente enferma ^___^
Algunos fines de semana me prendo fuego. No muy seguido. El problema es que uno puede habituarse. Muchas cosas me la traen floja: los pájaros salvajes que se roban a las princesas para llevarlas a sus nidos gigantescos, la voz en el sueño que me repite “mirate las manos!”, las drogas recreativas, las rayas de coca. Pero prenderme fuego no: es cuestion de que lo intente solamente una vez para repetirlo a cada momento. Con cualquier pretexto. Me importan un carajo las formalidades. Me prendo fueGo y punto.
Entonces aposté porque el escenario era el mismo de otro más y subimos al otro extremo a platicar y a pintar nuestras conversaciones en carteles de colores haciendo malabares y acrobacias casi casi desnudos pero nada mas reíamos y yo de lejos descifraba jeroglíficos, subido a la parte más alta del escenario y entonces comenzaron los rumores y las suspicacias y salimos donde era de noche y fue cuando reconocí el escenario y jure haberlo visto antes pero no estaba la escuela-recinto-desbordado pero si la mega tienda departamental y la amplitud esa y además un rostro que se había dado cuenta y solo me miraba y esperaba una reacción que mejor nunca llegó y todo paso como en las peliculas cuando el mar se come morosamente la arena de la playa y la tarde es cálida y la mamá dice “ a donde nos lleve el aire? porque entonces te das cuenta de que el personaje sabe que el escenario siempre ser6 el mismo y para qué agobiarse o complicarse la vida si en cualquier momento pum! podemos salir disparados como cohetes a recorrer el los cielos con movimientos veloces de nuestros cuerpos como de flagelos o leucocitos voladores y ver las caras-naricitas-de-boton* de l@s coleg@s en todas partes. Y mejor ya para que me enfado mejor es no colaborar demasiado con esos sueños y escenarios repetitivos y besucones. Va.