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Categoría Textos

Mejor, si, mejor.

No es difícil bajar del árbol. Bajamos como demonios a recoger semillas, basurillas que la gente deja. O alimañas extraviadas. Todo el tiempo tenemos hambre. A veces mejor dormimos lejos de las miradas, así olvidamos el hambre. Cuando es de plano necesario, bajamos. Recuerdo cuando estábamos en jaulas y nos daban comida, entonces estaba bien. Diario nos daban comida, semillas sobre todo, cáscaras y plantas verdes. Pero no nos gustan las plantas verdes. Un árbol no se come. Un árbol es una planta verde. Un árbol nos sirve para dormir y protegernos. Pero no se come.

Pato

A veces sucede que son días soleados y podemos bajar de los árboles sin necesidad de preocuparnos demasiado. Son días sin gente porque el parque esta cerrado. Entonces llegamos hasta el lago y miramos a los patos. Un día quiero ser pato. Flotar con mi culo emplumado y recorrer todos los rincones de esa gigantesco lago donde sopla el viento y donde brilla el sol y donde no hay peligros ni complicaciones. Los patos hunden su cabeza en el agua verde y dicen cua cua y se juntan en corrillos a platicar sus aventuras. Sus pato-aventuras. Los patos nunca se pelean, todos son amigos, siempre están echando desmadre. Además, los días de gente no tienen que preocuparse por nada: la gente no puede alcanzarlos porque ellos viven en la isla central del lago y andan flotando ahí y la gente nada mas lo ve pero nunca intenta hacerles daño. Eso es un misterio: nosotros si tenemos que cuidarnos. Arriba de un árbol. Porque ellos te agarran y te maltratan y te quieren llevar a lugares lejanos y si traen compañía como gatos o perros esos nos comen a mordiscos o nos corretean y nos asustan con sus dientes filosos y sus garras feroces.

Las ardillas somos mas chicas. Por eso subimos a los árboles y desde ahí observamos todo alrededor y, cuando se puede, bajamos a comer cáscaras o alimañas inofensivas o alguna semilla olvidada, como nueces o frutas pequeñas.

Pero casi no me gusta ser ardilla. Porque siempre me ando cuidando del peligro y, además, siempre tengo hambre. Mejor quiero ser pato. Si, quiero ser un pato.

xomBi en la laGuna de las ranas ::

Dice la historia que había una laguna donde cuando pasabas después de un largo recorrido a través del desierto y te detenías a beber agua y en realidad sofocado y sin fuerzas para dar otro paso mas, te detenías, digo, a beber agua y saltaba una rana que se te ponía a hablar ahí mismo. Entonces al instante siguiente salían mas ranas y te preguntaban miles de cosas acerca de tu viaje, eran ranas curiosas que querían saber quien eras y por qué habías decidido cruzar ese desierto; y te preguntaban tu nombre y miraban, curiosas realmente, tus zapatos gastados y la mugre en tus ropas y tus cabellos descuidados. Y te preguntaban y te preguntaban y te preguntaban. Tres veces, dice el viejo sabio. Entonces dice la historia que si querías seguir caminando y llegar al final de aquel árido desierto caluroso y habitado por alimañas venenosas y sabandijas que querían devorar tu alma, entonces tenias que comerte a la primera rana, la primera que saltó y que se te puso a hablar ahí mismo, te la tenias que comer de un mordisco violento en un movimiento inmediato. Entonces todas las ranas desaparecerían al instante siguiente y tu podías seguir adelante para llegar al final de aquel puto desierto agobioso y como un infierno eterno. De otra manera las ranas te seguirían preguntando y al final te convencerían para quedarte con ellas en esa laguna, te darían alimento y te contarían historias inverosímiles en pago por todos los detalles del viaje que tu estabas haciendo y les habías contado.

Las ranas son verdes. Y resbalosas.

Los zapatos de verano

:: minimo relaTo de cuartiLLa y meDia ::

Hoy encontré a Valona cuando llegaba del trabajo. Ella regresaba con una bolsa de pan y unos refrescos. Tenia los ojos brillantes y una sonrisa encantadora. Anoche, me dijo, el Mijo me aviso de la colación, pensé en ir a tu casa para pedirte que fueras pero Mijo me aviso que ya se habían puesto de acuerdo ¿Te gustan mis zapatos?, los compré con el primer salario que gane. Eran unos zapatos de verano que dejaban ver sus pálidos piececitos desnudos, le dije que si y su rostro se ilumino mas intensamente. Me dio un beso en la mejilla al despedirse no sin antes asegurarse que me vería en lo del Mijo. Cuando más tarde pase a la tienda de Cuco por las botellas de ron advertí que ya todo el vecindario estaba enterado y expectante por la colación del Mijo, pretexto y derroche para leer su multipremiado cuento. Cuco estaba feliz porque por fin se presentaba la ocasión donde podría leer ante un publico abundante los pastiches que escribía con regularidad. El llevaría los refrescos y me pidió comprar ron cuervito que dijo, era el mejor que había.

La reunión pudo haber pasado por aburrida de no ser porque Valona por fin se decidió. Todos estuvieron bebiendo y hasta Ella se tomo una copita de batracio, como se llaman las extrañas mixturas que aquí preparan con celo. Cuco leyó sus pastiches. No estaban mal y recibió elogios de la mayoría. Valona juzgó que el mejor era:


Átrida patriota come ofrendas
Devuelve ya los chocolates
La tumba por Dios ha sido abierta
Y el muerto llora por tus desplantes

Los zapatos de Valona aparecieron durante la lectura de un cuento de Belinda Lee. Apenas iniciaba la segunda ronda de batracios cuando Ismael leyó “Huracarrana: la novia de Alberto” titulo del cuento que daba nombre al libro de la menciona artista; Ismael tuvo que leer dos veces el fragmento de los zapatos porque Cuco hacia ruido insistiendo en que escucháramos su mejor pastiche. El texto aludido hablaba de unos pies desnudos en zapatos estivales, iluminados por la luz de mediodía, y describía con deliciosa demencia las insanas lujurias provocadas en el personaje principal que ansiaba hincar los dientes en ese pálido espectáculo. Le dije a Valona que Belinda bien pudo inspirarse en mi viéndola a ella hoy en el crepúsculo cuando con su bolsa de pan y sus delaware la encontré. Estival y hermosa, con sus zapatos de ninfa en el bosque. Desgraciadamente la totalidad del cuento nada tenia que ver con aquello: Juana, la hermosa novia de Alberto engañaba a este con un prospecto a luchador que empezaba sus carrera -triunfadora- en la triple A, hacia el final Alberto retaba al futuro ídolo de las masas a pelear por la susodicha y le acomodaba una golpiza espectacular, pero Juana la rana defendía al debilucho deportista y futuro luchador de televisión y con artimañas demasiado elaboradas despellejaba al pobre Alberto. La moraleja, dijo Ismael, era que nunca te acuestes con una hembra insegura que seguro no sabe lo que quiere. A lo que todos le reclamaron por lo fuera de lugar, inconveniente y poco inteligente (y baboso deslizo Valona) que había dicho (y leído).

Luego Mijo leyó su cuento. Solo que Valona se empezó a sentir mal. Le dije que si comía algo seguro se le pasaba, pero En la casa no tengo nada para darte a lo que ella respondió Tengo pan en la mía y pronto desaparecimos para perdernos el cuento Tan Esperado.

Mijo se enfadó. Ismael rompió el libro de la Belinda Lee porque dijo La verdad si esta bien culero. Cuco y Mijo no aceptaron bajo ningún concepto lo que Ismael había hecho, Lo que sea pero arruinar un libro jamás, dijeron, y ambos le pegaron al borracho que, de tan perdido, no pudo defenderse.

Valona me dejo darle un masaje de pies. No se los mordí pero si termine besándolos. Después de que hubo comido algo se aventuró a pedir otro batracio, brindamos por su trabajo nuevo y por el relajo que se armó en el vecindario.

Ismael prometió financiar la publicación del cuento del Mijo y de los pastiches de Cuco. Solo así dejaron de pegarle.

Hacia mas tarde todos cooperaron para comprar más botellas. Pero Valona y yo ya no estábamos ahí.

Hicieron escándalo toda la noche.

Supongo que no dejaban dormir.




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