Unas veces van y me dan ganas de tirar a la basura este blog.
Es el 2008 y resulta que el tiempo no es el mismo cuando habitas la blogsfera y te conviertes en virtual.
Un año son mil y resultas patético comparado al 2003 cuando festejabas garabatos en flash y escribias ficciones absurdas.
No mas. No puedo tirar a la basura este blog porque me he convertido fiera interesada que afila ambiciosa sus despreciables colmillos: el frasco siempre lleno, las sonrisas melosas, transacciones absurdas.
No puedo tirar a la basura este blog porque he alquilado el terreno y he puesto precio a mi cabeza deforme. Soy un monstruo. Un hijo de puta despreciable, altanero, peligroso, grosero, interesado, pusilanime, pretencioso, falso y sin valor alguno.
¡Llamen a la policia!
Antes de que me quitaran las cobijas de encima estaba soñando que bailaba en una fiesta con la niña mas bonita del mundo entero. Me sacaban las cobijas de encima y pensé que despertaba. Pero aun estaba dormido. Era una pesadilla. El escenario cambiaba y de una cálida y antiquísima y amable escenografía de tonos pasteles y soñadoramente desdibujados era transportado a las oscuras, gélidas y horribles antípodas de mi propia mente pueril y soñadora. La sombra negra se me echaba encima y yo solo sentía una horrenda violencia que me desmadraba las huesos.
Con perspectiva, puedo decir que esos eran sueños recurrentes. Esos. Los de la sombra negra encima de mi. Y los de mi bailes. Despertaba llorando. Estoy hablando de hace miles de años. Cuando era niño. Cuando acostumbraba fingir que dormía mientras con los ojos entrecerrados descubría que morderse la cola era algo estupido y fascinante.
Si pudiera repetir la historia (si fuera el jefe) me ordenaria despertar al instante. Enviaria ejercitos de vasallos. Me bañaria en agua congelada para detenerme con astucia. Adelante hay una vida ¡Una jodida, estupidizante, gloriosa y fulgurante vida!
¡Venga puto capullo deleznable, masturbatorio, adolescente, despreciable e hijo de puta!
¡Una puta vida!
tengo que ser simpático y amoroso
como si no hubiera visto lo que he visto
como si no me estuviera siguiendo alguien
como si no tuviera tanto miedo
como si no estuviera profundamente encabronado
como si me hubieran regalado los tesoros
como si estuviera satisfecho y sin preocupaciones
relajado
infinitamente descansado
el rostro placido
la mirada directa
clara
como el rayo de luz de este viernes de fin de año
iluminado
con gente de sombreros
y colores navideños
los reflejos
tengo que hablar claro y fuerte
obtener lo que me corresponde
aunque arrebate
sin que se den cuenta
tengo que controlar los espasmos
el vomito
el hastío
y la desolación
de los coches pasando sobre mis huesos
la calle inundada de sangre
y lodo
y en mis oídos los pasos
la prisa y el rencor
el desinterés y el orgasmo sideral infinito abrumador de mil recuerdos que se proyectan en esa pantalla imposible donde todo se revuelve sin perder coherencia y donde los millones de fragmentos de mi ultima respiración consciente ocupan el recinto inimaginable con todas las historias que me ha tocado representar como el actor estelar de este teatro absurdo y despreciable
tengo que llegar al final del día
con mi sonrisa encantadora