La idea de que el mundo frente a ti es una mera interpretación de tus sentidos y de que estos funcionan como un filtro que únicamente dejan pasar aquella información necesaria para “sobrevivir” en el ajetreo diario me parece coherente. Como una premisa intelectual. Quiero decir, las consecuencias acerca de que entonces una “realidad” mas basta esta al “alcance de tu mano” pero que No puedes ver NI puedes tocar, justo por tu condicionamiento de “ser humano”, aunque es tremenda, de cualquier manera, si te “pones a pensar”, suena lógica y es, digamos, aceptable.
Es como cuando le sacas una invitación a Esa Tipa que se cae de buena y que a fuerza de ignorar intencionalmente todas las mañanas, logras instalarle una suerte de interés de ti. La invitas y te dice que si. Sabes que lo demás es mero tramite. Aburrido y todo. Pero la tienes.
Solamente que en el tema de la Percepción y las Realidades Aparte a quien tienes que ignorar como un burro es a tu propia idea del mundo.
Esa puta idea del mundo que se cae de buena y que no desaparece de tu vista (no le puedes quitar la vista de encima) ni cuando vas y te duermes y tienes sueños estrambóticos y delirantes.
Y lo intentas y lo intentas y lo intentas y lo intentas y pasa de todo y te chorrean las manos de dulce y pasas la noche en vela escuchando música de Stone Roses y llegas a Tijuana y compras regalos y te metes a la cineteca y organizas reuniones de amigos y te enamoras y paseas en los centros comerciales y vas al dentista…
Y de pronto descubres que La Estas Ignorando pero que ella nunca se te ha quitado de enfrente. Intransigente. Como la partícula de la mecánica cuántica que se parte en dos para presumir su cola endemoniada de pavorreal mágico y que se muestra absurda si le diriges la palabra.
¿Y si vamos por partes?
Porque la idea de que no vemos el Panorama Completo no es tan abstracto como buscar el Paraíso Perdido ni como dormir todas las noches ordenándonos mirarnos las manos en sueños.
Sino que hemos olvidado cuando amanecía y aun estaba oscuro y corríamos a buscar los regalos y salíamos al callejón oscuro y presumíamos altaneros nuestro regalos nuevos a todos los vecinos que llenaban el patio oscuro en aquellas gélidas mañanas de festividades, desnudos con únicamente nuestra alegría desbordada y nuestras ilusiones del mundo nuevo donde La Idea aun no había aparecido.
Antes de que me quitaran las cobijas de encima estaba soñando que bailaba en una fiesta con la niña mas bonita del mundo entero. Me sacaban las cobijas de encima y pensé que despertaba. Pero aun estaba dormido. Era una pesadilla. El escenario cambiaba y de una cálida y antiquísima y amable escenografía de tonos pasteles y soñadoramente desdibujados era transportado a las oscuras, gélidas y horribles antípodas de mi propia mente pueril y soñadora. La sombra negra se me echaba encima y yo solo sentía una horrenda violencia que me desmadraba las huesos.
Con perspectiva, puedo decir que esos eran sueños recurrentes. Esos. Los de la sombra negra encima de mi. Y los de mi bailes. Despertaba llorando. Estoy hablando de hace miles de años. Cuando era niño. Cuando acostumbraba fingir que dormía mientras con los ojos entrecerrados descubría que morderse la cola era algo estupido y fascinante.
Si pudiera repetir la historia (si fuera el jefe) me ordenaria despertar al instante. Enviaria ejercitos de vasallos. Me bañaria en agua congelada para detenerme con astucia. Adelante hay una vida ¡Una jodida, estupidizante, gloriosa y fulgurante vida!
¡Venga puto capullo deleznable, masturbatorio, adolescente, despreciable e hijo de puta!
¡Una puta vida!
Hoy aprendí a conservar el equilibrio mientras nuestra nave rebota entre las estrellas y las nubecitas.
Primero: te detienes en medio del pasillo y te quedas mirando una cornisa, una grieta, un clavo salido.
Segundo: respiras profundamente, miras el clavo salido y te olvidas que la nave rueda, vuelves respirar profundamente.
El clavo se vuelve galaxia, planeta inmenso que rodeas con tu vuelo errático, inquieto, curioso, insistente. Le rodeas para observar las sombras que proyecta, para buscar rastros de vida.
Por momentos la violencia del viaje te devuelve a la realidad, pero recuerdas tus sueños de pájaro cuando vas por los aires intentando ganar altura, y recuerdas que tienes que soltarte y no permitir que los pensamientos te confundan. Porque en cuanto comienzas a pensar comienzas a perder altura, y las nubes aparecen inalcanzables y te fatiga aun mas el agitar tus alas nuevas de pájaro. Entonces lo vuelves a intentar y subes y subes y subes y alejas las ideas necias y los pensamientos y tu mirada se pierde entre las nubes mientras tus alas relumbran y te elevan al cielo infinitamente azul de tus sueños mas sublimes y felices.
Olvidas que estas en medio del pasillo (en la nave ronroneante que tropieza entre fragmentos siderales) fijando tu mirada atrapada en el clavo salido-galaxia-fulgurante y después de un lapso de tiempo infinito y como de ensueño, sin darte cuenta, te encuentras con que has Conectado Realmente y tu cuerpo ahora esta calmado y bendito, armonioso, se deja ir en el va-y-ven de la navecita y tu mirada enganchada te detiene y te sostiene y te protege y entonces resulta que puedes ir de pie en medio del pasillo todo el camino eterno hasta la novena luna del tercer planeta de la vigésima primera constelación donde, te contaron, existen las criaturas de mil voces que te dan poderes mágicos para atravesar el universo entero en un abrir y cerrar de ojos.