Nux fulguris

el suave desfile

Esperando estos aciagos días de infinita desolación para correr a ver el desfile de espectros ¿qué? de luces de vida de sombras de voces cálidas presencias de gestos rencores de olores viejos de tierra húmeda de abrazos y sofocos de odio y de lejana indiferencia de amor despreciado y de maldad reconcentrada de colores contusos y de palabras no dichas de cuerpos desnudos y abrazos en el aire de barreras y extremos o de tristezas infinitas de carreras inconclusas y de golpes en el rostro de lagrimas y sabores de mujeres ya vistas y deseos reprimidos de fiestas hasta el amanecer y de suspiros en la medianoche de mentiras gastadas y de infinitas credulidades de amor fingido y vestidos viejos de pieles gastadas y de muerte.

maldito?

No que sea difícil pasar por maldito. Puedo vociferar y decir mil blasfemias. El chiste, de veras, esta en ser Elegante. No con soltar cualquier mierda ya todo esta hecho. O con hablar con esa afectada desfachatez acerca de las cuestiones morales. Já. En realidad, no doy una puta mierda por lo que acabo de escribir. Digo, que lo que de veras tiene que decirse pues se dice sin pensar en tanto pinche jodido rodeo, tanto maldito titubeo y, en suma, tanta pinche pendejada sin sentido.

sábado de gloria

Estaban locos los cabrones. Salí de la estación allende del metro y caminé una calle donde pasaba el colectivo rumbo a tepito. Era un sábado especial porque terminaba la semana santa y se trataba del famoso-sábado-de-gloria. Y allí voy, quitado de la pena, despreocupado y tal rumbo a tepito ¡!

Resulta que arriba del colectivo, en medio de la gente y del calor, una señora va cerrando la ventana que estaba frente a mi, ella sentada, yo parado. La cierra y yo: “mugre vieja tarada que me muero de calor, abre esa puta ventana”, pensando por supuesto.

Una calle después sucedió: re-de-pente el colectivo aceleró y rápidamente se comenzó a acercar a donde estaban esos cabrones: más o menos nueve sujetos, a ambos lados de la calle, con cubetas llenas de agua, preparados y esperando al colectivo …se acercaban, se acercaban, se acercaban: auuuuuuuuuuu!

Jajajaja. Los cabrones arrojaron las cubetas de agua al vehículo. El calor, las ventanas abiertas: ¡bañaron a TODA la gente dentro!

Agradecí como demente a la señora que había cerrado la ventana frente a mi: fuimos de los que se salvaron: todo mundo escurría agua (seguro agua sucia, orinada, de coladeras y suciedades).

Al bajar del colectivo, calles adelante, no podía contener la risa, me cagaba de risa, todo era cómico e hilarante. Fue algo inesperado, saludable, jajajajajja.

Pinche gente esta loca.



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