
Despertó cuando aun estaba oscuro. Ya no tenia sueño. Supo que todavía estaba drogado. No podía recordar que había estado soñando. No debo arruinar las cosas, dijo para si. Recordó que estaba en aquella ciudad extraña. No debo arruinar las cosas, repitió. Después de bañarse se obligó a comer. Creyó que no iba a poder tragar pero cuando comió el tercer bocado de ese inofensivo pan dulce comenzó a sentirse mejor. Tomó dos vasos de leche.
El teléfono sonó cuando escuchaba a Stone Roses. No hizo caso y decidió cortarse un poco el bigote. Preparó café. Mientras se rasuraba repetía incesantemente, no voy a arruinar la cosas, no voy a arruinar las cosas.
(Era un murmurar desesperado. Por fin la había encontrado, recorriendo miles de kilómetros desde México D.F. la capital, la había encontrado. Justo la noche anterior estuvieron juntos y Ella echo a sus brazos nada más verlo. Aunque en un primer instante había sentido el impuso de salir corriendo. Demasiada devoción sentían el uno por el otro. Hacia miles de años que no se veían. Entonces se encontraron y juntos recorrieron aquella ciudad demente en medio de una noche de fin de semana demasiada toxica y grandiosa. Repetía esas cosas porque aun estaba drogado y porque ese día iba de nuevo a su encuentro y porque estaba demasiado lejos de casa y demasiado desenganchado de todo y no le importaba si regresaba y porque por fin estaba justo en ese momento que siempre repetía, aunque en realidad nunca lo hubiera habitado en su mas compleja verdad: Que el mundo ruede porque el se lo estaba montando y nada importaba sino consumar todo aquello y llegar, si, hasta el final, el puto final, por fin, y por eso tenia que hacer las cosas bien y no arruinarlas y no echarse para atrás cuando se le solicitara su aprobación para que por fin se abriera la puerta y ahí esta, la jodida y evanescente verdad sin más, mírala tu, estas con nosotros o no estas. Puto cabrón).
Cuando terminó, el teléfono había dejado de sonar. El cd de Stone Roses había comenzado de nuevo. El ya estaba listo. Decidió que Love Spreads valía por todo el maldito cd, por toda la jodida música que desde el principio se había hecho y por la que más adelante se haría. Si, Love Spreads, un par de pastas, y que el mundo ruede. Acabo de un trago el café.
Bajaba las escaleras rumbo a la calle cuando sintió en la boca el sabor amargo de las pastillas.
Nada esta dado por hecho dice el libro de aventuras que oculTo debajo de mi cama. Nothing is taken for granteD, repite cuando cierro los ojos y me hundo en ese desconocido resplandor azul. Entonces me arreBaTa y nada es lo mismo. Circula como recuerDos extraños en mi cabeza, no, en mi cabeza no, en alguna parTe mía que no conozco pero que es la mas imporTante. Y no es mi cabeza porque mi cabeza o mi mente o eso que nos hace razonar y comportarnos ordinariamente en el mundo de las ideas hechas, digo, esa poBre cosa esta acurrucada en un rinCon, olvidada, aterrada, nada más mirando lo que se desata ahí afuera: EL PRODIGIO ^____^
Bajamos todos menos Ella. Entonces el vehículo comenzó a avanzar ¡Bajan!, ¡bajan!, gritamos. Ella no podía alcanzarnos. Cayendo de la puerta advertí, el vehículo en movimiento, que la zona para bajar terminaba.
(Estábamos en una ciudad extraña. Chingona, llena de gente. Íbamos al mercado. Rodeados de gente, estabamos sobre un transporte colectivo muy parecido a un tranvía eléctrico que avanzaba sobre un riel inexistente colgado de unas líneas eléctricas invisibles. Todo aparecía bajo una luz demasiado singular que no puedo sino describir como crepuscular).
Salté impotente para seguir en loca carrera al camioncito que poco a poco avanzaba más rápido. Lo seguimos de cerca, una calle, dos. A la tercera escuche: “la siguiente calle esta muy difícil”. El vehículo iba tan rápido que casi desparecía con Ella en la lejanía. Además, había mucha gente transitando ahí. Tanta que, para no chocar con alguien, gritábamos y aullábamos constantemente como locos inasibles.
No la alcanzamos. Al final de la calle había un lago y en el lago un trasbordador. Pero al llegar, el tranvía ya había subido al ferry y este se había alejado lo suficiente de la calle para hacer imposible alcanzarlo. Uno de nosotros (éramos tres), encarrerado, saltó, solo para hundirse en el agua oscura del lago. Luego empezamos a caminar y yo le decía al que escurría agua: “ni modo, por perder el tiempo con aquella vieja” (una con la que se puso a discutir no recuerdo qué pero que recordándolo me hizo llamarla ¿paranoica?) paranoica, “por eso, mi chavo, por eso”.
Como sea, al final tuve una vision de Winona Ryder (¡!) Era como si estuviera en el cine y la veía como si ella hablara ante la cámara y constantemente con diferentes ritmos y énfasis y todo, ella dijera:
estaba en una audición y lo tiene que hacer bien-bien, así que lo hace de muchas maneras y sus gestos, su rostro, es demasiado real y agobiante mientras repite incesantemente:
The time is only for loving
The time is only for loving
The time is only for loving
(La frase se me quedo graBada con fueGo)