Iba pensando pendejadas en la calle acerca de unas muchachas que pasaron (los traseros espectaculares, la piel besable) y entonces los pensamientos empezaron a desvariar y me empecé a poner cachondo recordando el asunto aquel del fin de semana y tal. De inmediato se me ocurrió: “mejor salto al otro puTo edificio”. Y entonces que recuerdo el sueño ese.
Soñaba que podía volar encima de los edificios y dar saltos gigantes para escapar de una suerte de perros rabiosos que me veían y siempre querían atacarme y darme mordiscos feroces y aunque nunca lo lograban (yo saltaba ágil como demonio que se escabulle) digo, aunque nunca lo conseguían, si lograban asustarme con sus dientes filosos y esa actitud suya diabólica violenta destructora y agobiosa.
Era un sueño de puta madre, el tipo de sueños que te dejan feliz y contento y con ese estado de animo libre. Cuando sueñas que vuelas y que recorres infinitas zonas que nunca terminan y vas a velocidades endemoniadas en medio de las nubes esponjosas y el cielo azulísimo y mirando las gentes diminutas en la lejana superficie del planeta y tal.
El viento sobre tu cara.
De mamá recuerdo la comida. Pasábamos el dia entero esperándola. Esas tardes aburridas y desoladoras. Quietos ahi. Desesperados hijos de puta bajo la mirada agobiosa de aquel tio aquel. Un vago hijo de puta sin oficio y sentenciado. La vida a veces es dura. Y si te queDas mirando sin mover la puTa mano es más hija de puTa. Era un caBron odioso siempre encima de ti calládote y gritando como histérica resentida. No recuerdo cómo sucedía, entonces la luz del sol caia casi inclinada y todo lo que tenia de la vida alla afuera eran los rayos del sol que se metian por la puerta esa de lámina. Las oberturas superiores de aquella puerta dejaban entrar la luz del dia, la musica del callejón sonaba por sobre el escándalo del tio aquel: canciones retro de compositores mediocres. Y los sonidos y las platicas.
Y sucedia diGo. Mamá llegaba. Y el tio ese se iba a tomar por cuLo y simplemente desaparecía. Mamá habia llegado. Entonces prendía la televisión e inmediatamente se metía a la cocina. Y el olor de la comida acompañaba el sonido de la televisión y esos programas imposibles y caricaturas y voces así demasiado cercanas. Ahí estabamos, comiendo en el piso y mamá alcanzandonos tortillas calientes y platos rebosantes de frijoles y albondigas y todo demasiado cálido y amoroso. Y liberador.
Mamá habia llegado.
19 de enero de 2005. Hoy cumplo años
Se aceptan todo tipo de reGalos y felicitaCiones
(Manden dineRo)