Hoy no tuve que venir formal al trabajo, es viernes. Toda la semana llegue tarde. Caminar desde el metro Chapultepec hasta la Condesa y la calle de Amsterdam no es cansado. Me divierto. Los días has sido completamente de sol y cielo azul intenso. Y caminar caminar y pasar por el parque España y luego el parque México. Y ver a la gente y a las ninfetas y beber agua mientras camino. De todos modos vine casi casi formal, no importa, mis zapatos limpios y mi camisa blanca, se me olvido peinarme. Estos días me sol, marzo-abril me ponen de muy buen humor, casi optimista, triunfador y energético. Lo único malo de todo esto es que tienes que venir a trabajar. Si el mundo fuera justo ya nos hubiéramos puesto de acuerdo para no trabajar en días como estos. Amanecería y todos correrían a la ventana, esperar a ver el sol ¿será día nublado? ¿será día soleado?
Y cuando las cosas se definieran: día soleado, todo mundo se pondría las ropas mas ligeras y saldría a pasear por las calles y a divertirse. Y todos se reunirían para platicar de las cosas esenciales y a escuchar música o decir chistes, mas tarde a tomar cerveza y a poner música y a bailar y a seguir con los festejos.
Pero no, uno tiene que trabajar.
Me iría de vacaciones pero tengo que trabajar. Nunca he estado bajo un contrato ni he tenido ese tipo de cosas que tiene la gente normal, como seguro medico y seguro social y vacaciones pagadas y tal. Es la desventaja de trabajar de independiente. Pero no importa. Tengo dinero. Eso compensa.
De todos modos, yo andaba diciendo de los días de sol y de lo injusta que es la vida porque uno no puede disfrutar completamente de ellos (de los días, pues) y luego recordé las vacaciones de semana santa y la gente que se va de vacaciones y me dio envidia. Soy un puto envidioso. Bueno, a veces soy un puto envidioso. Si me descuido se me sale lo envidioso y me pongo a despotricar contra la gente inocente. Debería tomármelo mas con calma. Pensar las cosas antes de escribirlas. Mesurado y reservado. Consecuente, digo yo.
Bueno pues, si mañana sábado es día soleado, ya la hice.
Entonces toda la vida eran las tardes de fin de semana. Ya no recuerdo los detalles precisos. Un día me dormí de rodillas recargado en la cama y papá no me corrió ni nada.
Entonces el serrucha la madera y construye complicadas estructuras. Aprovecho el desorden para robar los libros, repasarlos ensimismado. Papá no esta borracho aun y me deja hacer. Son mejores las historias inverosímiles que andar afuera. Los zapatos se me han terminado y tengo raspones y rajaduras. Aunque tengo hambre. Pero mejor esperaré a que papá termine y se duerma borracho. Mientras escandaliza con sus clavos y su martillo me deja estar a su lado. Creo que esta contento. Quiero preguntarle acerca de los libros, de los tipos de casas rodantes, de los motores modernos, las señales de transito, del sistema solar y las lunas en otros planetas, de la corriente eléctrica y los experimentos con gasas y ranas muertas, pero no quiero que se enfade.
…
Hoy papá no discute ni maldice ni manotea enfurecido. Se ha pasado la tarde con ese librero y alrededor ya hay muchas botellas vacías.
Es muchísimo mejor así. Cuando se enfada y vocifera no. Me agarra con zapatos o con botellas si me ve merodeando. O se vuelve demonio si me descubre rasguños y moretones, cuando tengo chichones y rajaduras. Ya no voy a pelearme allá afuera, esquivare las piedras y los rasguños.
Hoy me quedare con los libros y esperare a que el demonio se duerma, luego robare un vaso de leche de la cocina.