Nux fulguris

Corre sin detenerte

Lo que me gustaba mas era correr y ocultarme. En las competencias de niños corría y me impulsaba con la mano derecha haciendo como un torbellino. Así ganaba todas las carreras. Me gustaban los días de festival porque comía cosas, había puestos de comida y tiendas y me compraba tacos y me los comía solo. Un día me caí escalera abajo por ir corriendo. Rodé los escalones. Contaban que en los salones derrumbados de la parte vieja de la escuela asustaba el diablo. Cuando era la hora de la salida me iba caminando a mi casa por las calles de la colonia. Pero ya me había comprado enchiladas con la señora negrita de culo enorme. Algo esencial para mi es la comida. Años antes mama nos dejaba con una señora que nos cuidaba y las horas de media tarde se nos hacían eternas, hasta que mama llegaba e inmediatamente nos daba comida, son los recuerdos mas cálidos que conservo de esa niñez lejana. MI papa el alcohólico se había ido y la vida comenzaba a ser menos violenta. Corríamos en el recreo a ocultarnos y yo era el que mejor se ocultaba.

El juego consistía en reunirnos todos, luego uno, El Elegido, contaba una numeración eterna mientras los demás corríamos a ocultarnos, había dos patios enormes y llenos hasta el tope de niños, era la hora de recreo. Entonces corríamos al otro patio y nos ocultábamos detrás de los árboles o detrás de los niños. Justo entrar al patio para encontrarse con el pasillo ese que conducía a los salones, mas allá estaba el patio. Entonces yo solía hacer trampa y no me ocultaba, bueno, me llegaba al otro patio y al corredor y me sentaba justo a lado de una de las primeras columnas, justo en la entrada al patio, confundiéndome entre los niños que comían cosas y platicaban y nada mas ahí se estaban. El Elegido nunca me encontraba. La entrada al patio era el mejor escondite del mundo mundial, el ponerme frente a sus narices: entonces El Elegido se llegaba al patio donde todos estábamos ocultos, miraba por sobre la cabezas y comenzaba a distinguir en la lejanía figuras ocultas detrás de los árboles, detrás de los otros niños. Y nunca imaginaba que yo estaba ahí frente a el, a lado de el, fingiendo ser un niño cualquiera que no participaba de sus juego ni tampoco le conocía ni temor sentía de ser encontrado: ¡ah, te encontré te encontré ahora TU eres El Elegido!

Los dos patios y El Elegido

El Otro Patio estaba rodeado de arboles y lleno de niños.

Un capuLLo Bajo el soL

Cuando iba a la universidad no me gustaba cortarme el cabello y casi iba de jipi y todo hecho polvo mugroso y apático a las buenas costumbres porque ni me bañaba y si era un piojoso con mis libros de Rimbaud y Verlaine y Cortazar y demás compadres y no salía de la biblioteca y platicaba con mis colegas acerca del ejercito zapatista de liberación nacional y de la corrupción y fumaba mariguana y no me cortaba las uñas ni tampoco me rasuraba frecuentemente, tenia una novia mugrosa igual que yo y aullábamos rolas de santa sabina y de rock mexicano y caminábamos el tianguis del chopo y nos gustaba rockdrigo y otros iguales y tambien leíamos a Jose Agustín y a Parmenides Saldaña y por supuesto que éramos fanes de Bob Dylan y de Janis Joplin y de los Doors y de Todos Los Colegas Drogados, no teníamos dinero y de todos modos ahí andábamos todos miserables y desmadrados con ideas mensas acerca de La Vida y de Sus Consecuencias mas inmediatas, íbamos a marchas y una vez nos juntamos con unos colegas que organizaron una huelga que cerró por dos meses la universidad, las canallas habían tomado por asalto las instalaciones y las cerraron y se quedaron a vivir ahí y nosotros con ellos y en las noches de luna recorríamos todo el campus y los salones vacíos y los corredores y estabamos felices porque no habia maestros ni clases ni tareas ni obligaciones todas agobiosas y hacíamos fogatas y nos dormíamos en cualquier lado y comíamos lo que hallabamos y ni nos importaba el día siguiente ni el día actual ni nada acerca de ese tema aburrido y pasado de moda.

Pero ya no. Ahora es el 2005. Ahora tengo un blog.

Parar

Siempre que me voy al trabajo el colectivo da vuelta justo frente a una esquina donde hay un letrero de transito que dice “No parar”, cada que lo leo me quedo pensando.

El fin de semana limpie todo. Barrí debajo de la cama y acomodé todos los libros. Puse los cds en sus cajas y las películas y los programas y las canciones. Arregle mis audífonos que no se escuchaba una bocina. Enrede los cablecitos y los guarde en su caja. Tire todo lo que no sirve. Las botellas y los ceniceros. Lo que no sirve a la basura, fue la premisa. Llene tres bolsas para el infeliz del señor de la basura. Porque también arreglé mi ropa, la doblé y la colgué y tire tres pantalones y dos camisas y mi vieja chamarra toda desmadrada desgastada hecha polvo y puros hilachos.

Mientras me ponía manos a la obra puse en la compu y el aparato de sonido puro rocanrol estridente a todo volumen. Seguro que este fin de semana los vecinos me odiaron. La mejor parte fue cuando sonaron los tamborazos del Drum Solo con Led Zeppelin a todo.

Es que voy a parar. Dejar el puto desmadre y tal. Desde que se fue Claudia me valió madre y cada fin se semana me ponía loco. Cervezas y cigarros eso. Y canciones desmadre y aullidos y amigos y más cervezas y así todo el fin de semana. Pero ya me canse. Claudia no regresa y ya me canse. Recientemente leí en un blog (un tagboard) una frase que se ajusta extrañamente, es el mismo tema (ese de miles de tragos y desmadre) “alma: ni loca!….no tengo nada contra mi cuerpo” Y si, ya me anda saliendo una pancita. Ya me canse. A la mierda el aquellare. Ya me canse.



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