Antes. Arrancar primavera y soltarse hacia pirámides que se hace la tocada Techno toda la noche y Lalo consigue huevos de cucaracha y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y bailamos y… jeje. Pero ya no. Antes fui a una entrevista de trabajo para hacerla de pasante y dejar que esos malditos (unos malditos) me exploten pretextando que será solo como becario durante tres meses y que al final me darán la planta aunque aun no tenga el titulo y blablabla… solo porque necesito el dinero (una mierda) me quedo allí, en realidad, que si me pongo a creer todo lo que un ingenierito de pelo engominado y egresado de la UAM Iztapalapa (somos colegas ¡así me dijo!) me dice pues que me muero allí y el maldito llama a una ambulancia y, antes de que ésta llegue, el ingenierito y sus chavos (becarios también) me sacan a la calle y allí en el paso me dejan como un transeúnte borracho o algo así, yo ni lo conozco.
Y baje All of my Love de Led Zeppelín y a Jimmy Hendrix y esa rola tan fantástica que sale en aquella película, Tiempos Violentos, cuando la muchacha llega a su depto y antes de hacerse una raya pone a funcionar la música y suena la rola y ella se pone a bailar y a paniquearse como es debido. Agh.
Voy a leer otra vez temblor. Me gusta (y es en extremo triste) (porque es verdad) cuando dice que ya no se podrán vestir de conejos en el festival.
El dice en a hard rain’s a-gonna fall que va a regresar antes de que la lluvia caiga, que caminara a las profundidades del bosque más negro y profundo donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde las píldoras de veneno inundan sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra la prisión húmeda y sucia, donde el rostro del verdugo esta siempre bien escondido, donde el hambre es fea, donde las almas se olvidan, donde negro es el color y ninguno es el numero y será dura, dura, dura, la lluvia que va a caer.
Las brujas solían robar el alma de los desprotegidos. Tenian mil hechizos para lograrlo. Solo con mirarte a los ojos ¡pum! estabas perdido. Ellas no parecían malas. Si las veías en la calle, eran dulces e inofensivas jovencitas. Indefensas como una mariposa, se vestían con retazos de arcoiris y adornaban sus cabellos con flores de mediodía. Y sus sonrisas de ángel engañaban a todo mundo. Pero ellas ya tenían a su victima escogida. Nada más les interesaba. Además, no se arriesgaban para atraparte. Tu solo caías. Realmente no hay salvación. Todo lo que en casa contaban para prevenirte, asustarte y protegerte contra la maldad que allá afuera acechaba de nada valía cuando con ellas te encontrabas. Y es que estúpidas no eran. Ellas sabían todo lo que la gente decía de ellas mismas. No iban a robarte de modo que tu te dieras cuanta. Tendrías que rogar ¡tu! para que lo hicieran. Ellas robaban tu alma, arrancaban tu corazón y chorreando sangre lo guardaban en su guaje embrujado. Estabas perdido muerto arrebatado fallecido. No había salvación para ti. Porque ellas prendían el vuelo alejándose a regiones desconocidas en busca de más victimas. Ya tenían tu corazón. Ya no les interesabas. Te dejaban vagando hecho realmente un imbécil, sin calor en las venas, un retrasado mental sin brillo en los ojos.
