De tanto hablar de los sueños un día sucedió que comencé a olvidarlos. Justo cuando abría los ojos y despertaba, zaz, los olvidaba. Desde entonces no describo sueños estrambóticos ni delirantes porque cuando me despierto se me olvidan y por más esfuerzos que hago no puedo recordar absolutamente nada. Me queda únicamente la sospecha.
En ocasiones realmente afortunadas logro rescatar algo, un recuerdo mínimo, un rasguño inasible, un resplandor fugaz. Como el día de hoy.
Recuerdo que estábamos en una casa en el centro histórico donde íbamos a vivir. Era un día soleado. Se trataba de un barrio muy miserable y peligroso, descuidado al máximo. El interior de la casa eran simplemente ruinas arqueológicas con paredes antiquísimas pintadas de un rojo brillante, los recintos estaban destruidos y en el piso sobresalían rastros de antiguas divisiones de cuartos que ya no existían. El piso era tierra. Allí íbamos a vivir y llegamos para escombrar y arreglar todo.
No recuerdo más. Hay rastros. Construcciones antiguas. El centro histórico. Días luminosos.
No recuerdo más.
Lo que a mi mas me gusta es dormir. Hay quien podría decir que lo que mas le gusta es el dinero, o las mujeres, o los hombres (que para eso el mundo es mundo y uno ha sido arrojado aquí con su puñado de preferencias y taras mentales) o los paseos interminables a la luz de la luna. Pero a mi lo que mas me gusta es dormir.
Cuando era niño era lo que mas disfrutaba. Tenia sueños donde encontraba monedas enterradas, luego me despertaba aferrándolas ansioso. También soñaba que platicaba con las niñas. Las niñas me gustaron desde el principio. Era como un instinto.
De niño me quedaba dormido en los pasillos de la casa. Debajo de las camas. Olvidaba ponerme el pijama. Un día me quede dormido recargado en un sillón, arrodillado. Cuando llego la medianoche soñé que la vieja consola de la sala se prendía y sus lucecitas mágicas sintonizaban la estación de radio mas hermosa que jamás había escuchado donde sonaban canciones increíbles con melodías de ensueño que me llenaban de una feliz paz infinita. De pronto abrí los ojos y me descubrí arrodillado en medio del pasillo, entonces subí a gatas a mi cama para volver a dormir.
También me gustaba escaparme al patio a corretear a las niñas y a levantarles los vestidos, a robarles besos y a pelearme con los vecinos.
Pero lo que mas me gustaba era dormir.
Era casi la una de la mañana y entonces todo estaba en silencio y en un momento, literalmente, salté hacia arriba (no porque yo saltara involuntariamente, sino porque el piso debajo de mi habia saltado) y luego escuche un gruñido, un crujido, un rechinido que venia del techo sobre mi cabeza (supongo que el edificio se quejaba). Me había asustado y a continuación me quedé paralizado, tratando de comprender de qué se trataba. Salí al pasillo oscuro y miré el adorno de cristales suspendido en la sala que tintineaba como sonriendo de manera macabra, entonces escuché un segundo rechinido a mi izquierda y el piso se movió mas, el edificio volvió a rechinar a mi derecha y pensé: “puta mierda ¡esta temblando!”. Era el temblor mas jodidamente fuerte que había sentido en mi insensata vida, era como el 85. Nooo, era peor porque ahora era medianoche y yo estaba en el quinto piso y el edificio rechinaba y se movía bajo mis pies y no había escapatoria.
Luego ya, me dormí y soñé muy mal, me dejé prendida la pc bajando música y dormitaba pensando: si el edificio vuelve a gruñir me levanto corriendo para salvarme. Soñé que iba a echar desmadre y me ponía muy borracho y regresaba en el metro y estaba mareado y luego en casa iba con mi familia y llegaban visitas y era Prescistias Pebiceé pero Prescistias Pebiceé hacia la calle (eso soñé) o sea era una puta y llegaba a la casa y llevaba a sus colegas entonces yo me quería salir corriendo y tenia que ir a hacer ejercicio y dar vueltas en el bosque de Chapultepec pero estaba muy borracho y no podía y a cada rato despertaba porque el temblor me había asustado tanto y lo único que quería hacer era salir corriendo salvándome de los rechinidos de mi pobre edificio que le dolía en el alma se moviera tanto el puto mundo sísmico y enfadoso.