Un gato maúlla bajo tu ventana. Luego corre y tira las botellas. Otro gato se escucha. Ambos se pelean y parecen demonios peligrosos. No parecen: no los puedes ver: solo se escuchan. Entonces el sonido que hacen (el escándalo) es de dos demonios (mil demonios) mordiéndose y haciéndose arañazos feroces.
Tu primero estas dormido y luego ya no. Te has caído de la cama. Un gato esquiva los zapatos mejor que nadie. Los gatos son elásticos, escapadillos y como fantasmas. Primero están , luego no están
Coges un zapato y te asomas a la ventana. Pero se han ido.
Te duermes de nuevo y sueñas con gatos. Hay tres gatos debajo de una maceta, tienen trajes de caballero y maullan canciones de moda, es un acertijo, piensas, e inmediatamente el sueño se disuelve. Afuera, bajo tu ventana, los gatos han regresado. Te has caido de nuevo de la cama.
Te asomas por segunda vez y los gatos desaparecen. Esperas paciente hasta que te gana el sueño y te duermes con la ventana abierta.
Cuando despiertas los gatos duermen en tu cama y tu duermes en el piso: te mueres de frío. Los gatos se han arrebujado entre las cobijas.

Y todo es un poco como si no sucediera nada. La sensación de cansancio y ese sabor de boca casi han desaparecido. Creí que el sol cayendo a pleno me quitaría el frío. Pero sopla un ligero vientecillo que me hace estremecer. De vez en cuando pasan a mi lado los duendes sonrientes. Pero ya no tengo miedo.
Recuerdo que me robaron mi cama y entonces la luz entraba por la ventana. Y me arrebuje en un rincón del cuarto y fume el último cigarro en el piso sobre las cobijas. Fue cuando caí dormido y la luz de la luna iluminaba la noche cuando salí por la puerta escapando de aquella pesadilla donde los duendes trataban de asfixiarme.
Después recordé mi cama y sin darme cuanta amaneció y los duendes habían robado mi alma y yo no hacia sino caminar y caminar y tenia frío y quería llegar pero no sabia a dónde ni cómo pero seguía caminando y quería que el sol saliera porque el frío me hacia temblar y apresurarme más.
Pero entonces ya quiero que el sueño acabe y detenerme y no seguir caminando buscando buscando buscando siempre buscando sin saber qué, ni cómo, ni tampoco se nada y solo que quiero que el sueño termine y el viento me hace estremecer y los duendes ahora pasan a mi lado ignorándome por completo. Y todo es como si no sucediera nada.
Pero yo sigo soñando sin poder detener todo esto.
Iba pensando pendejadas en la calle acerca de unas muchachas que pasaron (los traseros espectaculares, la piel besable) y entonces los pensamientos empezaron a desvariar y me empecé a poner cachondo recordando el asunto aquel del fin de semana y tal. De inmediato se me ocurrió: “mejor salto al otro puTo edificio”. Y entonces que recuerdo el sueño ese.
Soñaba que podía volar encima de los edificios y dar saltos gigantes para escapar de una suerte de perros rabiosos que me veían y siempre querían atacarme y darme mordiscos feroces y aunque nunca lo lograban (yo saltaba ágil como demonio que se escabulle) digo, aunque nunca lo conseguían, si lograban asustarme con sus dientes filosos y esa actitud suya diabólica violenta destructora y agobiosa.
Era un sueño de puta madre, el tipo de sueños que te dejan feliz y contento y con ese estado de animo libre. Cuando sueñas que vuelas y que recorres infinitas zonas que nunca terminan y vas a velocidades endemoniadas en medio de las nubes esponjosas y el cielo azulísimo y mirando las gentes diminutas en la lejana superficie del planeta y tal.
El viento sobre tu cara.