Nux fulguris

Categoría Maldita sea!

Roña

Cuando era niño era un piojoso. Tenia piojos por montones. Eran piojos negros y diminutos. Me rascaba. Entre dos (dos personas) me agarraban y me echaban uno de esos “sprays” nauseabundos. A veces, puesto de cabeza (entre mas de dos), me echaban petróleo. Siempre les falto un cerillo. O me dejaban pelón. peLón pelÓn pelóN. Cabeza de melón. Pero los piojos nunca se iban. No desaparecían. Si me cortaban el cabello, cuando apenas crecía, los piojos crecían con él. Si me echaban “spray” de nada servía. Petróleo. Insisto que faltó un cerillo.

Cuando era niño era un jodido piojoso. Me acuerdo porque me está dando comezón.

Gatos

Mi gato es jicote, un puto gato mugroso cagón y nochero. Me levanto a abrirle la puerta a las 2 de la mañana. Odio lo gatos desde que me entere de la toxoplasmosis. Cuando jicote maulla me dan ganas de agarrarlo a patadas. Pero no estoy tan loCo. Le doy comida y se calla. Luego se larGa a perseguir gatas generosas.
— o —

Los gatos son gatos porque no quisieron ser otra cosa cuando en el taller del jefe tuvieron la oportunidad de elegir. Dijeron, seremos gatos, y luego se dejaron hacer. Pudieron, entre mil posibilidades, ser oso o estrella. Rocío o brisa. Quizás flor. O fruto. Gato, dijeron, y con sus ojos todavía proyecto, reafirmaron su decisión.

Nunca atravesaron por esa agobiante etapa de inseguridad con la que todos los demás animales tuvieron que batallar. En un principio ellos fueron gatos y no titubearon al reconocerse en un rostro ajeno. Gatos, por decisión propia, decidieron tomárselo con calma.

Puedes verlos pasear lánguidamente en la azotea del vecino, sentirlos cálidamente arrebujados entre tus piernas. Déjalos hacer. Susúrrales un bichito. Que gatos, al fin de cuentas, no pretenden ser otra cosa.


foto hallada en la red

a-b-j

Nunca en mi vida me había picado nada. Pero me acaba de coger una puta abeja. Estoy de lo mas tranquis espontáneo extrovertido y platicador nada mas llegar del trabajo y se me va ocurriendo poner la pendeja mano arriba de la cama. Allí había ropa seca, limpia y tal. La puñetera abeja estuvo vacilando todo el día (soleado) en el patio, donde la ropa se secaba, y hacia el final, cuando había empezado a oscurecer, decidió descansar y dormir la mona escondida entre mis calzones de goku. Puse la mano y sentí cosquillas, la sacudí levemente y al instante siguiente un dolor de lo mas mendiGo y desolador, era mi dedo índice: va y me pica el pinche dedo índice. Y luego se queda muy tranquis en el piso después de que aullé como idiota y sacudí con violencia la mano. Le puse tremendo pisotón y después me quede morado media hora. Duele que te cagas. Aaaghhhh.



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