Y despues

No sabia en dónde estaba pero estaba aburrido. No me interesaba mirar los aparadores ni caminar en su compañía. Habíamos trabajado toda la semana. Era una época jodida. No había dinero ni había oportunidad de conseguirlo. Una época verdaderamente jodida. Y me enganché con aquellos capullos demasiado insensibles como para comprender que había algo mas allá que la puta supervivencia y tal.
Yo buscaba sobrevivir, es cierto, pero no a aquel precio. Mirar desangeladas pantallas de Windows y hacer click tras click para obtener bienvenidas tranquilizantes.
Entonces escapé y los mandé a tomar por culo y aunque no sabia en dónde estaba levanté la mano, siempre levantar la mano, venga, a tomar por culo los trámites y las precauciones. Aunque todo aparezca apenas boceto e idea primigenia. Levanté la mano, digo, y subí al puto taxi y recorrí circuitos imposibles y casi me pierdo cuando el cabrón taxista se detuvo delante de la torre aquella y entonces le extendí el billete y al instante siguiente estaba justo where the action is y aunque no comprendía nada bajé y luego recorrí las calles y tenia miedo (y me cagaba de miedo) y todo era como había imaginado y la puta vida entonces daba vueltas y giraba y se desenvolvía y yo no lo soportaba y en un nivel complicado me vomitaba mientras pedía auxilio al caminar todo cool y desinhibido mirando, solamente mirando, justo en el limite, el puto limite, donde la vida se sucedía cuando todos damos vueltas, si, todos, buscando la salvación, la puta salvación y tal.
Habia de todo. Justo de todo.
Y sin embargo sigo sin comprender nada. Una puta nada.
La serpiente tiene una voz desquiciante. Plañidera, ruega todos los días. Se enreda en mi cuello intentando ahogarme. Insiste sin cansarse. Serpiente, demonio escapado del sueño infantil, ¡basta! ¡no insistas! Mucho cuidado tengo de escucharte ¡Serpiente! ¡Farsante! Cierra por fin tus horribles fauces. Que no alcanzo a escucharte. Estas vieja. Arcaica. Escúchame decir esto ¡Basta! Nada tienes para mi. Nada tengo que escuchar. Detente.
Ella sabe que mi cuerpo quiere sentirla. Que esta cansado de ese escándalo sin sentido que alrededor como en una fiesta de insanos se desata. La serpiente sigue. Ajena a mis suplicas. Sabe que es cuestión de intentarlo ¡Serpiente!
