Mientras redacto mi lista de pendientes para el día de hoy, y bostezo sin remordimiento alguno frente al monitor, imagino que todo va a estar bien, iré al trabajo, me desesperaré, haré las compras, desodorante, hojas para imprimir, pilas para el robot, discos vírgenes, la cita del doctor, la dieta que debo seguir, los zapatos que tengo que comprar, la cara amable que tengo que poner, el dinero que tengo que ahorrar, el baño que me tengo que dar: amable, paciente, temeroso, reservado, cálido y complaciente, mentiroso y adorable. Un hijo de puta en suma.
Les pongo una visión que tuve la semana pasada y que capturé con la cámara digital que me he propuesto cargar neciamente.
Cuando apuntas en una hoja de papel las cosas que tienes que hacer durante el día y sigues las instrucciones de manera precisa, sucede que llegas al final del día y te das cuenta que, aunque no terminaste con todos los pendientes apuntados, tu punto de vista ha cambiado: te sientes como si el día hubiera valido la pena, (no quiero decir que los otros días, los días que no haces eso, no valieran la pena. Supongo que llevar anotaciones te vuelve extremadamente consciente de lo que haces y de lo que no haces) y te invade una extraña alegría, o de algún modo, un extraña sensación de estar en movimiento.
Antes de que me diera cuenta me encontraba enganchado: las calles, las construcciones, la gente, las montañas, las nubes, la comida, los niños dementes dando vueltas y gesticulando felices en el bosque primigenio donde los dioses se reunían para planear bendiciones, amenazas, aventuras, corretizas inolvidables en la resplandeciente inmensidad del bosque antiguo.
Recuerdo que en otro tiempo el gran mago de voz amenazante estaba sentado en la banca central del parque de ensueño cuando el maestro le obsequió un regalo inimaginable
Y luego la visión: una de muerte y resurrección.
Dime de qué manera imposible tengo que agitar las alas para escapar del hastío y la putrefacción.
Soy el ser imposible de aliento etéreo que permanece inasible en tu alcoba a medianoche y que cobija tus sueños imposibles y tus deseos mas inalcanzables.
Quiero una corona de flores y el canto de todas la voces.
Dormir, hacer el amor, hundirme dentro de ti mientras somos espectadores del infinito bebiendo interminables tazas de café en las terracitas donde magos y saltimbanquis nos ofrecen el espectáculo y se refocilan con magias, acrobacias y vuelos espectaculares, ¡nos falta una patita!
Quiero devorar el mundo y la visión entera.
Mas tarde regresaremos con nuestras mochilas repletas de tesoros y nuestros corazones repletos y llenos de amor por la vida.
Colores y artesanias (flickr)
Antes de que me diera cuenta me encontraba enganchado: las calles, las construcciones, la gente, las montañas, las nubes, la comida, los niños dementes dando vueltas y gesticulando felices en el bosque primigenio donde los dioses se reunían para planear bendiciones, amenazas, aventuras, corretizas inolvidables en la resplandeciente inmensidad del bosque antiguo.
Recuerdo que en otro tiempo el gran mago de voz amenazante estaba sentado en la banca central del parque de ensueño cuando el maestro le obsequió un regalo inimaginable
Y luego la visión: una de muerte y resurrección.
Dime de qué manera imposible tengo que agitar las alas para escapar del hastío y la putrefacción.
Soy el ser imposible de aliento etéreo que permanece inasible en tu alcoba a medianoche y que cobija tus sueños imposibles y tus deseos mas inalcanzables.
Quiero una corona de flores y el canto de todas la voces.
Dormir, hacer el amor, hundirme dentro de ti mientras somos espectadores del infinito bebiendo interminables tazas de café en las terracitas donde magos y saltimbanquis nos ofrecen el espectáculo y se refocilan con magias, acrobacias y vuelos espectaculares, ¡nos falta una patita!
Quiero devorar el mundo y la visión entera.
Mas tarde regresamos con nuestras mochilas repletas de tesoros y nuestros corazones repletos y llenos de amor por la vida.