Funciona perfectamente. Con una tarjeta amigo de Telcel y siguiendo el documento publicado ayer en Unlock.no el iphone pudo desbloquearse en media hora.

A por culo se fueron los de AT&T, a por culo el señor de los mil teoremas.
Actualmente me despierto por la mañana 6:00 hrs. y me voy al trabajo en la esquina de Mariano Escobedo y Ejercito Nacional. Excepto el martes que lo utilizo para resolver asuntos y negocios personales, tengo dos clientes por mi cuenta y por ahí voy tirando.
Por la tarde como cualquier cosa o me llevo frutas al trabajo. El lunes pasado lleve diez plátanos de los pequeños y tres guayabas, me los comí durante el día y hacia las seis de la tarde salí de la oficina corriendo olvidando dos platanitos en el cajón que dejé cerrado con llave. Al otro día no fui porque fue martes y el miércoles, ayer, fui pero olvidé la llave. Hoy seguro llegaré a encontrarlos todos negros e incomibles. Que lástima, porque son, como dice una novia mía, mi fruta preferida de toda la vida.
Los fines de semana ya no me voy de tragos. Lo paso con A. Vamos al cine o a beber café o helado de chocolate o a comer al apple bees o al mandarin house o a las hamburguesas gigantes o a los tacos de pastor en coyoacan o al copacabana. Por la noche fumamos mariguana y tenemos visiones. Al otro día tengo que salir como bandido, con mis espiritus y mis retazos de sueño entre mis cabellos, cuando aun esta oscuro porque si se hace mas tarde no quiero que me vean sus papas y me reclamen el descaro y la desfachatez.
Por eso ya nadie me ha visto en la muñeca en el ultimo año. Ni tampoco online. Como antes, cuando platicaba con tod@s y echábamos desmadre y hacíamos sitios y blogs y citas y nos reuníamos para caer perdidos hasta el otro día.
Ahora son una mejor persona y mas amable y consciente y respetuosa y trabajadora y feliz y ya no digo tantas burradas como antes decía.
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De tanto hablar de los sueños un día sucedió que comencé a olvidarlos. Justo cuando abría los ojos y despertaba, zaz, los olvidaba. Desde entonces no describo sueños estrambóticos ni delirantes porque cuando me despierto se me olvidan y por más esfuerzos que hago no puedo recordar absolutamente nada. Me queda únicamente la sospecha.
En ocasiones realmente afortunadas logro rescatar algo, un recuerdo mínimo, un rasguño inasible, un resplandor fugaz. Como el día de hoy.
Recuerdo que estábamos en una casa en el centro histórico donde íbamos a vivir. Era un día soleado. Se trataba de un barrio muy miserable y peligroso, descuidado al máximo. El interior de la casa eran simplemente ruinas arqueológicas con paredes antiquísimas pintadas de un rojo brillante, los recintos estaban destruidos y en el piso sobresalían rastros de antiguas divisiones de cuartos que ya no existían. El piso era tierra. Allí íbamos a vivir y llegamos para escombrar y arreglar todo.
No recuerdo más. Hay rastros. Construcciones antiguas. El centro histórico. Días luminosos.
No recuerdo más.