Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
Los demonios como sombras gigantes tomaron el control. Las ratas del desierto proliferaron. Les crecieron pelos rebeldes. Un día una de ellas encontró vestigios. Anuncio descubrimientos. Desenterró historias. Invento leyendas. Publico mentiras. Reconstruyo patrañas.
Entonces cuenta el sueño que se inventaron una fiesta fantástica donde por turnos reencarnaban a los grandes bribones paseando con sus cuerpos llenos de pelo y sonriendo imbéciles entre ellas.
Mientras los viejos demonios jugaban devorándolos lentamente.
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
Entonces los grandes bribones decidieron abandonar aquellas regiones. Habían descubierto en sus viajes dementes mundos inverosímiles donde era posible extender por tiempos infinitos las fiestas y las celebraciones. Donde las sillas reían y se volvían confidentes. Donde las calaveras se volvían de azúcar y donde caían aguaceros chicos desde nubes enardecidas.
Y se fueron.
Dijeron, a tomar x culo, y desaparecieron.
Pasaron miles de años.
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
Entonces bellaCo salió corriendo de aquella casa. El caballo estaba afuera bajo la luz de aquella mañana fría cuando aquel bandido lo montó de un salto. Fue un salto violento. Y después la carrera. bellaCo se perdió en la lejanía soltando balazos y gritando “A un lado, hijos de puta!”. Le gritaba a los cerdos y a las gallinas que asustados corrieron a protegerse.
Corrió y corrió devorando kilómetros sobre aquel caballo salvaje. Atravesó tres villas donde repicaban las campanas llamando a misa. Con gente despertando en aquélla mañana iluminada.
Fue la desesperación la que le hizo olvidarse del caballo. Entonces, cuando llegaron al riachuelo aquel, el caballo se negó a seguir. Tenia espuma en la boca y parecía un demonio con los ojos rojos y paranoicos, agotado y casi muerto. Con un relincho violento tiro a bellaCo para beber agua.
—Hijo de la chingada, le grito el bandido.
Y echo a correr aterrado.
Había soñado con una sombra negra, un besuqueo ininterrumpido con la mujer mas hermosa que jamás había visto, un vuelo agobiante sobre un bosque de árboles que llegaban hasta el cielo. En aquel sueño encontraba monedas de oro en los lugares mas inesperados y se las guardaba codicioso. También soñó con cantos lejanos, como murmullos, como el sonido de un riachuelo. Luego el sonido crecía y crecía y de repente se volvía un escándalo que le hacia abrir los ojos muerto de espanto. Pero entonces se daba cuenta de que estaba dormido y de que habitaba un sueño. Y no podía despertar. Y el ruido en todo a su alrededor seguía y seguía.
Entonces despertó.
Y salió corriendo.
Con las monedas de oro en los bolsillos y los labios de la mujer sobre su rostro pálido.
