Un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
Era un sexo peludiTo el que bellaCo se encontró debajo de aquel arBol. Le hacia cosquillas las manos y eso le gustó de inmediato. El sexo peludiTo le platicó de cuando conducía a toda velocidad rumbo a despoblado con miles de gentes y amigos y cercanos. De cuando cantaban rolas de Nirvana y las noches entonces estaba iluminadas y había platicas y mas gente y voces y era una fiesta completa con amigos y grupos de gente toda interesante platicando de las cosas esenciales y fumando y aullando todos a una:
Y entonces alguien, el más mejor amigo, decía que tenia hamBre y todos juntos iban a comer y llevaban la fiesta y el ruido y las platicas y la puta y gloriosa noche consigo para comer porque tenGo hamBreee aullaban a mitad de la canción y todo seguía y seguía y seguía y la comezón y la codiciosa y la más genuina y entrañable platica de bellaCo con el sexo peludiTo se volvía frenétiCa y vertiginosa y de pronto, sin transición alguna, estaban muertos de risa y carcajeándose y riendo de veras exaltados y en realidad echando el desmadre mas cálido y egoísta y al mismo tiempo único porque era el momento sin más, el momento estático y efímero y que se acabaría sin siquiera advertirlo.
Y ellos lo sabían y no les importaba un carajo porque ya formaban parte de todo aquello y bellaCo y el sexo peludiTo continuaban riendo y lo continúan haciendo, continúan riendo aun ahora en estos momentos en que este pobre hijo de puta metiche entrometido y salteador platica de todo eso mientras escucha Lounge Act de Nirvana y tal.
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
Cuando bellaCo era chamaCo tenia dientes filosos de perro. Eran dientes
chiCos pero filosos. Los usaba para arrancar la cáscara a las raíces que
encontraba. Cuando tenia hambre pasaba todo el día buscando raíces. Sus
dientes filosos le servían cuando hallaba alguna alimaña jugosa.
Aquella mañana sorbía los huesos de una lagartija cuando escucho al
tren que se acercaba. Lo dejo pasar absorto ante el escándalo y la
velocidad. Luego metió rápidamente las raíces en el guaje y echo a correr
tras el.
Cuando subió de un salto por la parte de atrás respirando agitado,
sofocado por la carrera y respirando con la boca abierta, el tren se le
cagó de risa en la cara. Se le reía de sus dientes de perro.
Era una risa interminable, inmensa, una risa de loComotora humeante
que, amigable, le contaGió insolente haciéndole reír de si mismo como un
loCo simpático y amistoso.
La locomotora y el. Riendo incesantes de sus dientes filosos de
perro.
Cuando bellaCo dejo de maldecir y de revolcarse creyeron que había muerto.
