Vamos a ver: la rueda de la fortuna te lleva hacia arriba, luego te lleva hacia abajo. Soñabas que paseabas en una feria donde había comida y gente y luces y musica y caminabas entre los carruseles mirándolo todo con tus ojos nuevos brillantes y sorprendidos y recuerdas que el cielo estrellado tenia coloridas luces que explotaban como infinitas piedras preciosas ¡cristales iluminados que se desvanecían al caer! Y jugabas con los peces de colores en el estaque festivo y llenaste tus bolsas con recompensas (te volvías cada vez mas ambicioso) (porque dijiste en voz alta que no querías que todo aquello se terminara). Creíste que soñabas cuando llegaste frente a esa infinita rueda de la fortuna. Iluminados sus discos. Con asientos coloridos. Compartimientos secretos. Y música.
En lejanía el castillo explotaba. Mas piedras preciosas. Amarillas, rojas, esmeraldas, violetas, blancas ¡estrellas veloces!
Fue solo subir para arrepentirte. Aullaste quiero bajar. Pero aquel monstruo comenzó a estrujarte. Giraba. Te asfixiaba. Aterrado, volviste a aullar ¡quiero bajar!
Y la fiesta, allá abajo, seguía, mientras tu visión se transformaba y el cielo explotando te alcanzaba, si, cuando la rueda de la fortuna te depositaba en aquel maldito cenit demente de una horrible noche imposible.

Noche
El solsticio estival, o el día solsticio, es el gran momento del curso solar en el que, tras de ir subiendo día tras día por el cielo, el luminar se para y desde entonces retrocede sobre sus pasos en el camino celeste.La época del año en que las fiestas de fuego se han celebrado mas generalmente en Europa es el solsticio de verano, en la víspera (23 de junio) o el día del solsticio (24 de junio). Se le ha dado un ligero tinte de cristianismo llamándole día de San Juan Bautista, pero no puede dudarse de que esta celebración data de una época muy anterior al comienzo de nuestra era.
Todavía se dice que encienden hogueras la víspera del solsticio de estío en toda Noruega; las encienden con objeto de ahuyentar las brujas que vuelan esa noche desde todas partes al Blocksberg, donde vive la gran Bruja.
En algunas partes del país (…) se celebra por todos lados con descargas frecuentes de las armas de fuego y con grandes hogueras, antiguamente denominadas Fuegos de huesos de Bálder (Bálder’s Bâlar) encendidas en el crepúsculo vespertino sobre las alturas y las colinas, las que arrojan destellos que iluminan el paisaje.
George Frazer, James.
La rama dorada.
FCE, México, 1996.
Que esta noche las Brujas estarán sueltas es un hecho ![]()
Una deidad cuya vida puede decirse en cierto sentido que no estaba ni en el cielo ni en la tierra, sino entre ambos, era el norso Bálder, el dios bello y bueno, el hijo del gran dios Odín y el más sabio, amable y amado de todos los inmortales. La historia de su muerte, tal como esta relatada en prosa en la Edda más moderna, es como sigue. En cierta ocasión en que Bálder dormía, tuvo una pesadilla que le pareció que presagiaba su muerte. Por consiguiente, los dioses tuvieron consejo y resolvieron asegurarle contra todos los peligros. Así, la diosa Freya tomo al fuego y al agua, al hierro y a todos los metales, piedras y tierra, a todos los árboles, enfermedades y venenos y a todos los animales de cuatro pies, aves y cosas que se arrastren, el juramento de que ellos no harían daño a Bálder. Hecho esto, se le considero invulnerable y los dioses se divirtieron sentándole en medio mientras unos le disparaban*, otros le tajaban y otros le apedreaban, mas hicieran lo que hicieran, nada podía herirle, por lo que se alegraron mucho todos. Solamente Loki el dañino estaba descontento, y disfrazado de vieja se presento a Freya, la que le dijo que las armas de los dioses no podían herir a Bálder porque ella había hecho jurar a todos que no lo dañarían. Entonces Loki pregunto: “¿Todas las cosas han jurado respetar a Bálder?” Ella respondió: “Al oriente del Walhalla crece una planta llamada muérdago; me pareció demasiado joven para jurar”. Entonces Loki fue, arrancó el muérdago y lo llevo la asamblea de los dioses. Allí encontró al dios ciego Hother, que estaba fuera del circulo, y Loki le pregunto: “¿Por qué no tiras contra Bálder?” Hother contesto: “Porque no veo dónde está y además no tengo arma”. Entonces le dijo Loki: “Haz lo mismo que los demás y honra a Bálder como todos hacen. Yo te mostrare dónde está y tírale con esta ramita”. Hother cogió el muérdago y lo arrojó contra Bálder bajo la dirección de Loki. El muérdago dio a Bálder y lo atravesó de parte a parte, cayendo muerto. Y ésta fue la mayor desgracia que pudo recaer nunca sobre los dioses y los hombres. Los dioses se quedaron atónitos, mudos y después gritaron y lloraron amargamente. Luego cogieron el cadáver de Bálder y le llevaron a la orilla del mar. Allí estaba el barco de Bálder, llamado Ringhorn, el más enorme de todos los barcos. Los dioses desearon ponerle a flote y quemar en él el cadáver de Bálder, pero no podían botar el barco. Enviaron recado a una giganta llamada Hyrrockin, que llegó montada en un lobo y dió al barco tal empujón que el fuego incendió los rodillos y la tierra entera tembló. Entonces cogieron el cuerpo de Bálder y lo colocaron en la pira funeraria sobre el barco. Cuando Nanna, la mujer de Bálder, vio aquello, se consumió de pena su corazón y murió. Así, fue colocada sobre la pira funeraria junto a su marido y a todo le prendieron fuego. También el caballo de Bálder, con todos sus paramentos y jaeces, fue quemado en la pira.* Suponemos que flechas, jabalinas y aun rayos, pues que eran dioses.
George Frazer, James. La rama dorada. FCE, México, 1996.