Iba pensando pendejadas en la calle acerca de unas muchachas que pasaron (los traseros espectaculares, la piel besable) y entonces los pensamientos empezaron a desvariar y me empecé a poner cachondo recordando el asunto aquel del fin de semana y tal. De inmediato se me ocurrió: “mejor salto al otro puTo edificio”. Y entonces que recuerdo el sueño ese.
Soñaba que podía volar encima de los edificios y dar saltos gigantes para escapar de una suerte de perros rabiosos que me veían y siempre querían atacarme y darme mordiscos feroces y aunque nunca lo lograban (yo saltaba ágil como demonio que se escabulle) digo, aunque nunca lo conseguían, si lograban asustarme con sus dientes filosos y esa actitud suya diabólica violenta destructora y agobiosa.
Era un sueño de puta madre, el tipo de sueños que te dejan feliz y contento y con ese estado de animo libre. Cuando sueñas que vuelas y que recorres infinitas zonas que nunca terminan y vas a velocidades endemoniadas en medio de las nubes esponjosas y el cielo azulísimo y mirando las gentes diminutas en la lejana superficie del planeta y tal.
El viento sobre tu cara.
RSS feed para los comentarios de este post.
Y bichos en los dientes…
Ese sentimiento es poca madre.
25 January 2005 a las 19:40