
Descubrió al instante la cabeza rota. En silencio, como quien sabe con absoluta certeza lo que esta haciendo, descortezó la parte del árbol caído que la había golpeado, cubrió la herida palpitante con la rugosa piel arrancada y luego, con la suavidad de un rayo lunar entre la bruma, envolvió la cabeza con un jirón de su vestido.
Cuando esto hubo hecho, le dijo en un susurro:
– Ya no sufras pecosa.
Y la cargo sobre sus hombros.
Camino con ella atravesando valles desolados, desnudos, en un mundo ajeno donde parecía que la noche recién nacida no pudiera quitarse de encima la agonía del ultimo día, deteniéndose apenas para comer algo, una raíz arrancada a la tierra, casi nada.
Mirisha despertó. Resucitando de un letargo punzante, con la cabeza embotada, penso que estaba muerta. Un demonio del otro mundo la cargaba, un aliado en los linderos del infierno que la arrastraba a través de un mundo extraño, inhóspito, paralelo. Llevo sus manos al rostro y sintió la sangre seca, sucia y encostrada. Su cabeza resonaba. Quiso gritar pero el sonido no salió de su boca.
Hacia el final, después de una jornada de tres mil años, llegaron a un vallecito poblado de pequeños arbustos.
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Cuando creo que ya no puedo seguir escribiendo (sucede en ocasiones… como un veneno suavecito de esos que lo hacen a uno autocompasivo), me acuerdo que estás escribiendo Mirisha.
Creo que el día de hoy, iniciaré otro viaje más.
Un saludo NuEz.
4 August 2003 a las 4:18
un aplauso al bello NuEz!!
(me gusta el nombre ALona, me suena a alguien intergaláctico, jeee)
4 August 2003 a las 23:52