Dice mi mujer que estar deprimido es de “lusers” que me ponga las putas pilas y deje de estar lloriqueando. Ella lo dice mientras da mordiscos a su pan y se caga de risa con lo que dice house.
Yo no se. Me defiendo patéticamente echándole en cara su cama de oro y recordando al capullo infeliz que un día se fue a tomar por culo dejándome a la vera del camino mientras la tormenta hijadeputa llenaba la noche entera.
Por la mañana vez las cosas de diferente manera.
Antes oscurecía y me desesperaba por llegar a la puta muñeca y echar desmadre.
Hoy me lleno de pánico porque voy a llegar a casa a encontrarme con el monstruo de cabezas deformes. Recuerdo libros donde la duplicidad adornaba los estantes y entonces, al leerlos, nunca paso por mi cabeza la sombra de la duda, la instalación hidráulica echaba humo.
Eso precisamente fue lo que por la mañana iluminó mi estupida cabeza. No quiero que se haga de noche y regresar a la casa sola mientras mi mujer esta de viaje y la pequeña Valentina duerme placida en su cama calientita de la casa de sus abuelos. Me voy a encontrar conmigo mismo, con el odioso personaje que me ha agarrado el modo y me destruye a cada instante con sus pensamientos de imbecil y sus costumbres y su miedo y toda la odiosa carga podrida que ha logrado acumular a lo largo de su miserable vida.
No quiero estar solo porque me vuelvo idiota. Estropeo las cosas. Devoro. Ensucio. Manoteo. Meto las manos al fuego y me voy contra las paredes y echo baba por el hocico y digo estupideces y no soporto las jodidas visiones me tiro a las vías desgarro los huesos los rompo la cara el rostro y poseído termino casi muerto, la luz del amanecer se arrastra, mientras el demonio desaparece muriendo de risa dejándome echo mierda sin brillo en los ojos.
Estaba amaneciendo. Dormité toda la noche con la música de la fiesta en mis oídos. Las luces parpadearon todo el tiempo.
Alguien se dejo encendida la radio y en la penumbra, casi inaudible, la música vieja de aquella estación se quedo grabada permanentemente en mi cabeza.
Han pasado cerca de 30 años y aquí sigue.
Estoy frente al monitor y es la una de la mañana, escucho una vieja canción mexicana y recuerdo.
Recuerdo que estaba amaneciendo.