La Idea era encontrar el momento justo para escaparme de ellos y largarme a la calle principal, allá, donde estaban las cantinas y el aquelarre. Ahí parado, bajo el frío sol de diciembre, mirando la plaza de toros en construcción, desesperado con mi paciencia exhibicionista, ajeno a los demás, que trataban de saber en dónde se encontraban, buscando El Mapa dentro de la pequeña tienda, donde había refrescos y comida, y donde había dos viejos amables que vendían el mundo a precios prohibitivos, jure que antes de regresar al mundo de todos los días me escaparía por fin para buscar a esa hija de puta y para ver con mis propios ojos como era todo aquello que tanto me habían platicado. Estaba feliz e impaciente porque todo era demasiado extraño y diferente y, sobre todo, porque por fin estaba al alcance de mi mano: el sol de fin de año iluminando los alrededores de aquella manera extraña que tanto me intrigaba, que instalaba en mí una confianza aterradora y me volvía audaz y desenfadado (había pasado semanas enteras sin tocar la droga), me encontraba energético y triunfador en aquella ciudad fronteriza planeando venganzas y frotándome las manos, expectante y malicioso, como hambriento gato salvaje que se oculta entre las arbustos mientras en la pradera miles de pequeños cervatillos inocentes se reúnen descuidados a celebrar el bendito mediodía de aquel paraíso de mentira.
Cuando el pasado 19 de diciembre este blog cumplía 5 años yo estaba en la casa de mi mujer durmiendo temprano y haciendo el amor cada media hora, confeccionando planes fantásticos e inmediatos, íbamos al centro comercial para llenar el refrigerador y pasar los fines de semana mirando la televisión, comiendo entre la gente perezosa y festiva del mercado las mañanas del sábado, en los patines nuevos dándonos golpes en las rodillas y muriéndonos de risa cuando caíamos sobre nuestros traseros, en las calles solitarias dando vueltas con la camioneta y esquivado los peligros y las adversidades, entre las camas y los muebles finos de Insurgentes y Extremadura eligiendo la mas grande para tener fiestas donde fumábamos mariguana y reíamos de nuestras caras y nuestras voces, teniendo visiones magnificas donde habitábamos de cuerpo entero mientras afuera había música y frío y luces en las calles, entonces era diciembre y las casas estaban adornadas e iluminadas y nosotros vagábamos por el centro histórico de México D.F. comprando regalos tomados de la mano y comiendo basurillas, deteniéndonos a cada instante para mirar los reflejos festivos de aquel mes grandioso.