La Idea era encontrar el momento justo para escaparme de ellos y largarme a la calle principal, allá, donde estaban las cantinas y el aquelarre. Ahí parado, bajo el frío sol de diciembre, mirando la plaza de toros en construcción, desesperado con mi paciencia exhibicionista, ajeno a los demás, que trataban de saber en dónde se encontraban, buscando El Mapa dentro de la pequeña tienda, donde había refrescos y comida, y donde había dos viejos amables que vendían el mundo a precios prohibitivos, jure que antes de regresar al mundo de todos los días me escaparía por fin para buscar a esa hija de puta y para ver con mis propios ojos como era todo aquello que tanto me habían platicado. Estaba feliz e impaciente porque todo era demasiado extraño y diferente y, sobre todo, porque por fin estaba al alcance de mi mano: el sol de fin de año iluminando los alrededores de aquella manera extraña que tanto me intrigaba, que instalaba en mí una confianza aterradora y me volvía audaz y desenfadado (había pasado semanas enteras sin tocar la droga), me encontraba energético y triunfador en aquella ciudad fronteriza planeando venganzas y frotándome las manos, expectante y malicioso, como hambriento gato salvaje que se oculta entre las arbustos mientras en la pradera miles de pequeños cervatillos inocentes se reúnen descuidados a celebrar el bendito mediodía de aquel paraíso de mentira.
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Yo!! Yo queruuuuu ♪
Nos escapamos? Aca hace un puto perro calor que está matando a media ciudad
Muic!!
8 January 2008 a las 5:04
Sikanda, siiii, pos vamos!
Aca hace un puto perro frio que desmadra los huesossss
8 January 2008 a las 8:59