Dean Huracán Moriarty estaba un día mordisqueando semillas mientras veía el mar apacible a través de su ventana en aquella media tarde inolvidable cuando decidió que la vida le preparaba grandes sorpresas. Imaginó que realizaba viajes imposibles a través del mundo entero dando vueltas por sobre los continentes y las nubes de rocío. Aprendía a dar vueltas y a girar en medio de las conversaciones y de las pláticas y del reflejo amoroso en los ojos de las mujeres. Se enamorarían de el. Alrededor de todo el mundo en sus idas y venidas espectaculares. La vida le tenía regalos indescriptibles.
Permaneció tres segundos más mirando el mar en lontananza deslumbrado con La Nueva Visión. Luego salió corriendo.
Regreso con un mapamundi gigante: un mapa completo del mundo sobre el que ponía los pies. Había subido al ático para hurgar entre libros antiguos y fotografías borrosas y encontró aquello. Entonces, dibujó su recorrido infinito con tiza de colores sobre los mares y las montañas de aquel mundo rescatado de su viejo ático polvoso. Comenzó a mitad del océano donde nacían gigantescas criaturas marinas aprovechando las calidas corrientes marinas. Hizo trazos desordenados en los continentes desdibujados, sobre las playas, las callecitas, las plazas, las montañas, los ríos, los árboles, la gente. Se había vuelto loco. Maltrató con excesiva alegría aquella reproducción hermosa del mundo vivo y palpitante eufórico por las promesas recibidas.
Paso el resto del día confeccionando magníficos planes de resurrección y aturdimiento. Se prometió a si mismo dejar las cavilaciones a un lado: se comería al mundo sin esperar ni pedir permiso.
Ya estaba por fin sucediendo.
De tanto hablar de los sueños un día sucedió que comencé a olvidarlos. Justo cuando abría los ojos y despertaba, zaz, los olvidaba. Desde entonces no describo sueños estrambóticos ni delirantes porque cuando me despierto se me olvidan y por más esfuerzos que hago no puedo recordar absolutamente nada. Me queda únicamente la sospecha.
En ocasiones realmente afortunadas logro rescatar algo, un recuerdo mínimo, un rasguño inasible, un resplandor fugaz. Como el día de hoy.
Recuerdo que estábamos en una casa en el centro histórico donde íbamos a vivir. Era un día soleado. Se trataba de un barrio muy miserable y peligroso, descuidado al máximo. El interior de la casa eran simplemente ruinas arqueológicas con paredes antiquísimas pintadas de un rojo brillante, los recintos estaban destruidos y en el piso sobresalían rastros de antiguas divisiones de cuartos que ya no existían. El piso era tierra. Allí íbamos a vivir y llegamos para escombrar y arreglar todo.
No recuerdo más. Hay rastros. Construcciones antiguas. El centro histórico. Días luminosos.
No recuerdo más.
Algunas personas creen que soy simpático vestido de festival. Supongo que es la cara de idiota que me toco llevar. Por mas esfuerzos que hago no puedo poner otra. Antes de salir de la casa pase ensayando frente al espejo. Salieron puras caras graciosas. No pude dejar de reir todo el tiempo. Al final, cuando entraron a por mi para llevarme a la fuerza, llore de puro enfado. Pero todo fue inútil, cuando me vieron llegar me comieron a besos y no hubo poder humano que les hiciera parar.
Hicieron fotos donde tengo mi sombrero de lado y mis bigotes desdibujados.