Hoy aprendí a conservar el equilibrio mientras nuestra nave rebota entre las estrellas y las nubecitas.
Primero: te detienes en medio del pasillo y te quedas mirando una cornisa, una grieta, un clavo salido.
Segundo: respiras profundamente, miras el clavo salido y te olvidas que la nave rueda, vuelves respirar profundamente.
El clavo se vuelve galaxia, planeta inmenso que rodeas con tu vuelo errático, inquieto, curioso, insistente. Le rodeas para observar las sombras que proyecta, para buscar rastros de vida.
Por momentos la violencia del viaje te devuelve a la realidad, pero recuerdas tus sueños de pájaro cuando vas por los aires intentando ganar altura, y recuerdas que tienes que soltarte y no permitir que los pensamientos te confundan. Porque en cuanto comienzas a pensar comienzas a perder altura, y las nubes aparecen inalcanzables y te fatiga aun mas el agitar tus alas nuevas de pájaro. Entonces lo vuelves a intentar y subes y subes y subes y alejas las ideas necias y los pensamientos y tu mirada se pierde entre las nubes mientras tus alas relumbran y te elevan al cielo infinitamente azul de tus sueños mas sublimes y felices.
Olvidas que estas en medio del pasillo (en la nave ronroneante que tropieza entre fragmentos siderales) fijando tu mirada atrapada en el clavo salido-galaxia-fulgurante y después de un lapso de tiempo infinito y como de ensueño, sin darte cuenta, te encuentras con que has Conectado Realmente y tu cuerpo ahora esta calmado y bendito, armonioso, se deja ir en el va-y-ven de la navecita y tu mirada enganchada te detiene y te sostiene y te protege y entonces resulta que puedes ir de pie en medio del pasillo todo el camino eterno hasta la novena luna del tercer planeta de la vigésima primera constelación donde, te contaron, existen las criaturas de mil voces que te dan poderes mágicos para atravesar el universo entero en un abrir y cerrar de ojos.

Una muy cool y desenfadada, con su mirada amistosa pero cínica mirándote desde el lugar principal, otra despistada y expectante sin decidirse a ponerse de pie para hacerte un lugar y dejarte sentar para contar todas tus aventuras, una mas con sus sonrisas y sus alegrías. Otra como espectro sonriente. Todas cuadernos usados de hojas maltratadas y amarillentas, sin fuerza en las voces para obligarte a rezar con amenazas porque debes cortarte las venas. Tu corazón les pertenece. Los festivales han cerrado sus puertas. La vida (esa hija de puta y arrabalera) no se anda con fingimientos. Explotas, te desmadras. Te usan, te rebajas.
Mírenme fulgurante repartiendo las entradas fingiendo torpeza y lejos de ser grosero.