El fin de semana andaba triste y cabizbajo porque me habian mandado a paseo por desinhibido y enfadoso. Pensaba que lo mejor era desconectar y dejarme ir en el flujo de los acontecimientos antes que ponerme a reflexionar y a pensar en las cosas que me habían llevado hasta ahí. El problema es que llamamos “reflexionar” a masturbarnos mentalmente y a padecer histéricamente acerca de lo que debimos haber hecho y nunca hicimos y por eso pensamos que la puta vida injusta y arrabalera nos esta tratando mal y nadie nos comprende y tal. Así que decidí no “reflexionar” y si dejarme ir y mejor desconectar. Que me acerco a La Muñeca como perro apaleado aun meditabundo y desagradecido cuando vi a Prescistias Pebiceé echando desmadre en lo suyo toda fulgurante, exuberante, desinhibida y tope presuntuosa. Yo me acerque y pedí neGra modeLo y lueGo comprendí que todos estaban atentos a la jodida televisión porque en la pantalla había un clásico de fútbol y creo que era emocionante y divertido porque estaban borrachos y peleando con sus sonrisas, unos, y con sus caras de enfado, los otros. Me hubiera quedado al aquellarre de botellas rompiendo y volando y a los golpes y los berrinches pero afuera me dieron ganas de meterle mano a Prescistias Pebiceé y me largue y andábamos platicando y me dijo después de tres besos que fuéramos al Castillo del Abuelo. Me dijo que iría su amiga y que me esperaban pasada la medianoche en el California enfrente de los Multicinemas los Reyes. Quedo de marcarme y me dijo: “es que no tenemos dinero ves” “¿Y por eso me agarras de pendejo para que pague los tragos no?”, entonces sonrió y me dijo que si y a mi me encantaba la idea porque hacia tanto tiempo que no andaba de nuevo On the Road echando desmadre y metiéndome en pleitos de cantina y rompiendo botellas y bebiendo tragos largos de cerveza fría.
Para no hacer el cuento largo, después de quedar de acuerdo, entré a La Muñeca a por otra cerveza y me di cuenta de que el Fidencio andaba dándose en la boca con otro mas grande que lanzaba golpes al infinito sin darse cuenta de que el infinito le arrancaba los cabellos a mordiscos rabiosos mientras se le cagaba de risa en la cara. Salí de ahí en dirección a casa para conseguirme dinero y darme un baño. Apenas eran las diez de la noche y el Castillo del Abuelo me quedaba un poco lejos.
Llegue justo a a la media noche a los Multicinemas Los Reyes. Cuando dieron doce y media me desesperé porque Prescistias Pebiceé no marcaba. No marcó y entonces dio la una de la mañana. Una jodida patrulla me había detenido y casi me suben porque dijeron que yo era sospechoso. Mejor me regrese. Triste y cabizbajo, reflexionando, esa hija de puta me las va a pagar.
Mañana, cuando regrese la calma, hundiré mis pies cansados entre la restos calientes de arena salada. Luna llena. Me llegaré a los peñascos para buscar comida. Después, el espectáculo. Debajo del mar los caracoles dibujan figuras humanas. Hay voces que se arrastran. Las olas se forman porque los muertos manotean tratando de llegar a la superficie. Pero sus cuerpos son partículas infinitas arrastradas por la corriente. Hay barcos hundidos que vagan fantasmas. Que miran todo con escaso interés y genuino aburrimiento. Tengo dibujos. He hundido la cabeza en el mar para robarme los secretos. Explosiones, gritos, olas que rugen. Sus cabellos se agitan al viento. Los pececillos comen sus ojos muertos. Hay sirenas infernales. Gladiadores sin escudos. Héroes que nunca pudieron llegar a casa. Pelean llenos de furia. Veo mujeres que lloran, niños que no tienen cabezas. Es un murmullo confuso, las olas rompiendo entre mis pies entumidos, murmullo que crece, los niños aferran con voces de hueso. Sus bocas.
¿Yo?, yo estoy a salvo. El reflejo de la luna sobre el mar callado y el eclipse que dijeron vendría. No tengo dinero. Voy a chapotear un poco antes de caminar el regreso, ya no hay prisa.

Si he de ser coherente debo llevar entonces una vida saludable y sin complicaciones. Desayunar a las 9 de la mañana en la terracita mientras el sol gentil me envuelve en su manto protector. Mientras soy simpático y hago fotos a la tacita de café enfocando inofensivamente al hermoso pájaro de alas multicolores que se acerca amistoso a desearme buenos días en esta inmensa galaxia tintineante en donde nos ha tocado encontrarnos ¡Albricias! Tengo un trabajo que hacer. Comeré los bollos calientes y las mermeladas de frutas ¿alguien sabe en donde esta la salita de descanso?
Si me sigues, si de veras me sigues, te juro que encontraré el paraíso perdido en donde se ocultan los tesoros benditos, llevaremos palas y encenderemos un fuego mientras amanece. Las noches no son frías. Hay destellos en el cielo oscuro. Y parpadeos.
Mas tarde, vagaremos ahítos en el sueño profundo.