Me desperté y no recordaba nada. Ya no tenia sueño pero no recordaba nada. Un día cuando no recuerdes nada la bruja de dientes filosos te arrancara el alma, siempre decía mi abuela cuando por las mañanas me daba chocolate caliente y me pedía que le contara mis sueños. Recuerdo todo con infinita claridad porque después de contárselos nos llevaba de paseo toda la mañana con su canasta llena de comida y nos quedábamos todo el tiempo desenfadados junto al río mirando los reflejos y las acrobacias. Devorábamos desesperados las tortitas y los postres mientras mi abuela contaba historias complicadas donde los demonios maliciosos huían con sus colas arrancadas. Invariablemente me aburría. Pero mi abuela no protestaba cuando me arrojaba al río y conseguía los mejores regalos para ella. En la superficie el fuego preparado y la canasta desbordante. Cantábamos coplas saltando desesperados para secarnos bajo la luz priístina de la Primavera Bendita.
Me desperté y no recordaba nada.