Ni hablar, no tienes idea de qué van las cosas. Por mas que insistas. Ni hablar. Uno no puede ser capaz de atravesar al otro lado así de miserable y sin energías como te encuentras tu. Ándate a paseo a mirar el desfile indeseable y no vengas con tus remilgos y tus enfados a ensuciar los recintos sagrados.
Hay calles donde caminaste asustado y excéntrico y donde volabas con alas de fueGo. Siluetas y presencias que te acompañaban en tus andanzas y tus recuerdos. Hay escándalo y desenfreno en excursiones fantásticas donde solo recordabas que te lo montabas y disfrutabas.
Pero no puedes atravesar al otro lado. Corre a darte un puto baño y a sacarte las legañas y el vomito que te recubre entero. Corre a chingar a tu madre antes de que el fueGo de Las Visiones te deje mas hecho mierda de lo que te encuentras. Antes de que te saquen el alma y te dejen sin alternativas y lleno de fisuras.
Quieres un boleto a la resurrección y no ofreces mas que una lastimera e incansable letanía de lamentos aburridos y repetidos.
Introducción
Hoy no fui a trabajar. Ni siquiera avisé ni nada. Nada más no fui a trabajar. Resulta que por la mañana me desperté muy temprano y me di cuenta de que sería un día soleado y sin nubes, me sentía muy tranquilo y sin perturbaciones (aunque tenia un día complicado). Cuando llegue a la oficina de A eran justo las ocho de la mañana y enseguida me recibió. Instalé las últimas modificaciones mientras A preparaba café. Todo hubiera estado perfecto si no es que me demoro diez minutos más de lo previsto: eran las nueve y diez minutos cuando tuve que salir de ahí corriendo y luego subir a un taxi y bajar de nuevo porque la calle estaba completamente invadida y entrar al metro y salir y correr y bajar escaleras y subir escaleras y detener otro taxi y explicar direcciones laberínticas para llegar al trabajo donde ya me estaban esperando desde las nueve de la mañana.
Un ritmo más calmado: desastre
Iba en el segundo taxi cuando advertí que pasábamos enfrente de la cervecería modelo. Me sentí mejor porque ya casi lo había logrado. El sol seguía en lo alto y supongo que casi daban las diez. Pero estaba mejor. La ventanilla del taxi completamente bajada dejaba entrar el viento que me pegaba en la cara. Íbamos corriendo a toda velocidad sobre la calle despejada, delante de nosotros un motociclista aceleraba alborotado y feliz haciendo un escándalo festivo en medio de la mañana luminosa. En la radio sonaba un jazz desconocido y de repente ya estaba inmerso en recuerdos cálidos de cuando íbamos a Chapultepec todos juntos y recorríamos esas mismas calles llenas de sol en excursiones felices, papá acostumbraba llevarnos caminando al bosque y todos éramos felices cantando canciones inofensivas mientras recorríamos aquel trayecto jugueteando en las vueltas y en las paradas. Entonces el taxista interrumpió mis recuerdos al tocar el claxón para llamar la atención del auto que iba cerrándose enfrente de el. Una mujer joven lo conducía. El taxista la rebasó ágilmente pero puede darme cuenta de que se trataba de una mujer muy hermosa. Lo siguiente que vi enfrente del taxi, íbamos muy rápido, fue al motociclista que, para esquivar un bache en el camino, dio una vuelta absurda que lo hizo caer y rebotar justo frente a nosotros. El taxista miraba por el retrovisor a la mujer del auto rezagado y sin poder evitarlo, sin detenerse, con esa velocidad inaudita que llevábamos, le pegó al motociclista y lo fastidio con un estruendo escandaloso arrancándole la cabeza con un estremecimiento del vehículo y un sonido macabro (sin transiciones todo se había vuelto de ensueño, de pesadilla). No sé cómo fue que sucedió pero la cabeza del motociclista saltó, rebotó, giró y aterrizó, a través de la ventana abierta del taxi, justo en mis piernas. Aun estaba viva porque los ojos abiertos al máximo miraban aterrados que el mundo se les terminaba en un baño absurdo de velocidad violenta indescriptible mientras la sangre explotaba sobre mi salpicándome entero e instalándome un terror nauseabundo que no me he podido quitar con nada. Por eso no fui a trabajar.
Había sol, en mi sueño había sol. En mi sueño siempre hay sol y es mediodía y hay árboles y tenemos hambre y echamos vacile correteando sobre el pasto verde. Hay ardiLLas que nos roban el alimento y patos maliciosos que nos engañan con su escándalo. Subimos a los árboles para robar semillas. Escapamos fulgurantes con el tesoro prometido.
Resuena la algarabía y, sobre nuestras cabezas, las nubes desfilan desbordadas. Recuerdo que había escapado de los deberes. La escuela y los niños atentos. Escarbamos para conseguirnos ídolos protectores. Recitamos fragmentos de hechizos olvidados. Teníamos la clave. Los días eran una fiesta continua y sin tristezas.