La respiración de gato es como cuando miras un gato. Un gato respira e inhala aire y su panza peluda se infla. Cuando exhala el aire su panza se vacía. Es ló-gi-co: inhala y su cuerpo se invade de aire puro. Exhala y se queda vacío un instante: las esferas vibran en la oscuridad.
El problema es que tu no eres gato. Puedes ir de malviviente y malicioso por las calles como gato salvaje echando desmadre y persiguiendo alimento vital y casi casi parece que maúllas y te salen garras felinas. Pero no eres gato. Y cuando te pones a respirar como uno de ellos exhalando e inhalando –inflando y vaciando tu panza- te entra un miedo inexplicable. Te da frío y te empieza a temblar todo. Es como si te fueras a desmayar porque tu rostro se congela y te tiembla y son tics nerviosos. Te pones grave: las esferas vibran más fuerte.
Uno debería de ser capaz de sobreponerse al pavor y al desasosiego que esa respiración de animal instala. O dejarse de algoritmos. Siempre es posible bajar la calle donde los tenderos barren y las panderetas resuenan haciendo malabares en medio de una mañana inolvidable.
Quiero un sombrero y tener tiempo de sobra. Cuando sea noviembre me saldré a perseguir muchachas. El plan es ahorrar todo mi dinero durante agosto y septiembre. Con una escala a la mitad del mes para emborracharme en las fiestas patrias. Luego ya. Mientras tanto a sentar cabeza y volverse fresa. Fresa jugosa y desinfectada. Tengo las piernas velludas. Hoy barrí abajo de la cama y tomé café por la mañana. El fin de semana iré a correr de nuevo. Cuando vas corriendo mirando al cielo en lugar de mirar el camino frente a ti en un instante determinado sientes que si no volteas la cabeza y miras el camino te vas a ir de boca. Había puro polvo y ese tipo de basurilla que se forma de pelambres y cabellos y residuos de cobijas y ropas. Mi escoba sacó todas las basurillas y los residuos, había tres hormigas muertas y una cucaracha vieja. Me compraré dos camisas y siempre andaré rasurado. Y me iré con mi gato a recorrer las calles. Recuerdo cuando me salía y aun estaba oscuro y corría todas las mañanas, entonces no tenia un trabajo y solo iba al colegio y era un capullo sin barbilla y un poco despistado. Corría como un demonio hasta tres veces los kilómetros de la vuelta entera en Chapultepec. Lo único malo es que un gato maúlla. Y que los días son lluviosos y un poco enfadosos, quiero decir, oscuros y fríos y en realidad demasiado agobiosos. Si vas mirando el cielo e interrumpes tus pensamientos y te enfocas en la respiración de gato entonces entras en un ritmo que te hace aguantar muchísimo mas la carrera. Y entonces corres vueltas y vueltas. Si el mundo fuera perfecto los gatos no maullarían y ya seria noviembre, yo tendría un sombrero y mucho dinero en la bolsa.
Cambiar de dirección no es demasiado complicado. Cuando te lo propones no es. Claro, corres el riesgo de engañarte a ti mismo. Pero siempre es posible hurtar el cuerpo a las viejas arpías de voces melosas que te comen la esencia a cada instante. Esas jodidas sombras negras que dejaron de echársete encima cuando no eras sino minúscula morusa en el infinito espacio sideral proyecto de ser humano agobioso agobiante fulminante y abrumador. Cambias de dirección sin demasiados rodeos y te preparas para los ataques. Una vez que te das cuenta de las múltiples posibilidades te sucede una de dos cosas. O pasas de lo que viste. O te pones las pilas. Lo mejor es ponerse unas pilas nuevas. Unas recién cargadas. No unas de zinc-carbón sino unas de veras poderosas. De esas que tienen por dentro compuestos metálicos de nombres complicados. Ese tipo de compuestos que hierven y que desmadran tu piel si te caen encima. Que pueden generar diferencias de potencial estables por infinitos lapsos de tiempo. A veces sucede que pasas de lo que viste. Dices: luego me pondré las pilas. Y pasas de todo. Hasta que te cansas. Te cansas de ser un imbecil y te pones manos a la obra. Tambien corres riesgos. Siempre corres riesgos. Supongo que la vida es así de tramposa. La infeliz vida injusta y luminosa que sucede acá en el planeta tierra donde todos estamos estacionados escribiendo blogs y echando desmadre sin demasiadas contemplaciones. Luego ya. En este caso los riesgos son más desgraciados. Vas y dices luego y mientras te prendes fuego y te quemas en un instante y tu vida se extingue como flama ridícula. Y nunca más tendrás la oportunidad de ponerte las pilas Tu y tus luegos desmadraron todo. Esos son los riesgos. Ni se por qué escribo esto. Siempre me ando preguntando de qué va todo este montaje llamado vida. Y a veces me pongo las pilas y a veces paso de todo. Así en un continuo estando aquí sin estar aquí. Siempre metiendo las manos al fuego. Sin detenerme a cavilar un segundo acerca de las consecuencias y tal. Creo que por eso tengo raspones y chichones y arañazos y como animal agraviado y eso. Y por eso, tambien, una conciencia muy clara del escenario a donde hemos sido arrojados con nuestro guión grabado a fuego en nuestra mente enferma ^___^