Cuando estaba en la universidad descubrí que si dejaba de comer por ejemplo en la mañana y en la noche y solo comía en la tarde, descubrí que me ponía flaco; en ese entonces estaba medio gordo, no así tan gordo, pero si tenia pancita. Entonces descubrí eso que fue como visión: re-de-pente sabes por qué suceden las cosas sin que te pongas a pensar en eso ni te andes comiendo la cabeza todo el tiempo, sucede que subes las escaleras, llegas al corredor y entonces comprendes y aparece en tu cabeza el pensamiento completo de por qué las cosas son así o asa.
Es como cuando estas soñando y de pronto sabes que tienes que comenzar a girar como un torbellino, el movimiento de tornillo le llamo, girar y girar y girar para salir volando escapando de tus captores, como la puta escena esa de matrix donde el Neo se agacha y parece que hace esfuerzos supremos, se avienta una superflatulencia y ¡zaz! sale volando el muy hijo de puta escapando de los smiths que le tienen fastidiado. Pero en mi sueño en lugar de eso hago el movimiento de tornillo girando a velocidades endemoniadas, al instante salgo volando, es un torbellino el que se forma y ahi voy yo, zuum zuum zuuuum, como dice ruru, esquivando árboles y los edificios y los cables de luz y como una auténtica alma libre en fuga desenfadada feliz anhelante gloriosa desatada y así como distante.
Digo que es como en el sueño porque en un momento dado te tienen contra la pared y sabes que tienes que hacer el movimiento de tornillo para escapar de los demonios que te agobian. Re-de-pente sabes: es como una visión. Asi lo de la pancita y lo de ponerse flaco. Así todo.
Dice la historia que había una laguna donde cuando pasabas después de un largo recorrido a través del desierto y te detenías a beber agua y en realidad sofocado y sin fuerzas para dar otro paso mas, te detenías, digo, a beber agua y saltaba una rana que se te ponía a hablar ahí mismo. Entonces al instante siguiente salían mas ranas y te preguntaban miles de cosas acerca de tu viaje, eran ranas curiosas que querían saber quien eras y por qué habías decidido cruzar ese desierto; y te preguntaban tu nombre y miraban, curiosas realmente, tus zapatos gastados y la mugre en tus ropas y tus cabellos descuidados. Y te preguntaban y te preguntaban y te preguntaban. Tres veces, dice el viejo sabio. Entonces dice la historia que si querías seguir caminando y llegar al final de aquel árido desierto caluroso y habitado por alimañas venenosas y sabandijas que querían devorar tu alma, entonces tenias que comerte a la primera rana, la primera que saltó y que se te puso a hablar ahí mismo, te la tenias que comer de un mordisco violento en un movimiento inmediato. Entonces todas las ranas desaparecerían al instante siguiente y tu podías seguir adelante para llegar al final de aquel puto desierto agobioso y como un infierno eterno. De otra manera las ranas te seguirían preguntando y al final te convencerían para quedarte con ellas en esa laguna, te darían alimento y te contarían historias inverosímiles en pago por todos los detalles del viaje que tu estabas haciendo y les habías contado.
Las ranas son verdes. Y resbalosas.
Si la vida fuera justa yo seria rico y no andaría mendigando los centavos. Seria un puta estrella de rock con una capulla sexi a mi lado, dándome besos y murmurándome al oido que soy el más mejor. Puta mierda.
Llegó el recibo del teléfono. Tengo miedo de abrirlo. Es jueves y llegué borracho porque estuvé en La Muñeca aullando canciones de Cake. En realidad ya es viernes. Mas allá de la media noche y tal. Y llegué y en la puerta de entrada el portero me dio mi recibo del teléfono. Ándate jideputa, a pagar el precio, esa larga distancia a MTY, esa puta llamada al celular ese, joder, paga el precio nuexeciLLo… Llegó el recibo del teléfono y tengo miedo de abrirlo.
Manden dinero.
Manden puto dinero.