Porque fue ella quien más tarde dijo: “Los hombres son tan locos, desean la esencia: la mujer es la esencia, ahí la tienen directamente entre las manos, pero ellos se precipitan en todas direcciones erigiendo inmensas construcciones abstractas” “¿Quieres decir que tendrían que quedarse tranquilamente en casa con la esencia, es decir pasarse todo el día acostados debajo de un árbol con la mujer? Pero Mardou, esa es una vieja idea mía, una idea divina, que no la había oído nunca tan bien expresada, ni lo hubiera soñado” “En cambio ellos se precipitan en todas direcciones y entablan grandes guerras y consideran a las mujeres como premio, en vez de seres humanos; muy bien, viejo, no se puede negar que yo estoy en medio de toda esa porquería pero te aseguro que no pienso participar en lo mas mínimo” (con la dulce entonación educada de la nueva generación de hipsters).
Y así es como, una vez obtenida la esencia de su amor, ahora erijo grandes construcciones verbales, y de este modo en realidad lo traiciono, repitiendo calumnias como quien tiende las sabanas sucias del mundo.
…
Pero en esta confesión no puedo traicionar las cosas más intimas, los muslos, lo que los muslos contienen —¿Y entonces por qué escribir?—; los muslos contienen la esencia, y sin embargo aunque allí hubiera debido quedarme y de allí vengo y eventualmente retornare, igualmente debo escapar y construir, construir, para nada, para los poemas de Baudelaire.

Ya lo decía yo en otro post cuando escribí de los árboles que se miran desde arriba del edificio. De que cuando interrumpes tus pensamientos y te dejas ir mirando el espectáculo del viento moviendo sus ramas, entonces el puto viento desaparece y ahí están los árboles bailando o moviéndose ¡solos!
El truco es dejar de pensar la “idea” que te han repetido desde siempre de que el viento, el viento, el puto viento es lo que mueve los árboles.
Bien, bien, el puto viento mueve los árboles. Eso no lo voy a discutir. Pero imagina, solo por un instante, un jodido instante, date una fracción de oportunidad maldita sea, imagina que los árboles se mueven solos y que ellos provocan el viento. Y no al revés.
Iba yo caminando tranquis y sosegado pensando estupideces cuando me di la oportunidad. Es este caso eran las nubes en lejanía. Y que me saco los pensamientos de encima. Y que sigo caminando. Y cuando me di cuenta, las putas nubes ya no eran nubes. Eran unas montañas ¡Unos putos cerros de ensueño los que a lo lejos se veían!
¡Fua!
Y no andaba fumando nada ^____^
Seguro que el maldito le estaba mirando el trasero, las nalgas y eso, y luego no se fijo que le pisaba el zapato. Digo, hay mil babosos en este mundo sucio y deprimente, gente sola y enferma que no tiene ocupación ni vergüenza de si misma: la cabeza jodida. Claro, Belinda se lo hubiera madreado. Ella sabe. Digo, trabajando en la casa y viéndosela con cabrones todo el día pues sabe de que va la actitud de cualquier-cualquier retrasado mental; y si no se van a mutilar con un billete entonces que no se atrevan a poner la sucia mano encima. Queremos dinero, mucho dinero, un madral de dinero – de todos modos queremos más dinero- para largarnos de este jodido mundo y tal.
Ahora la mesera esta desesperada, ha puesto la nota de lo que comimos en la mesa diciendo “a ver a que hora se largan”. Pero es demasiado temprano. Belinda salió a las ocho de la casa, escapándose, y apenas son las diez. Ha pedido otro pan. Y pedirá otro más, la conozco, se trata, repite una y otra vez, de hacer lo que quieres hacer, lo demás es transitorio.
Entonces, mientras se come su pan, me pongo a darle besos en las manos, en el interior de las manos, que huelen a jabón. Ella se pone a cantar una canción que suena en los altavoces del lugar, es una canción moderna para bailar, pero la letra habla de un amor imposible. Es divertida. Y Belinda canta con su voz murmullo, es una obsesión, es una obsesión, eso no es amor, es una mera obsesión. Reímos más.
Esta noche nos alcanza para comer, para tomar cerveza y escuchar música hasta que salga el sol. Ahorraremos lo que sobre. Apartaremos el resto. Luego trabajaremos más. Y como dice la bruja de sonrisa como promesa: ya será.