Letheia. Que tiene la connotación de olvido, lo que permanece oculto. Se llama Leteo el río que atraviesan las almas al nacer y que les ayuda a olvidar todo lo que antes sabían.
A. Esta partícula es la negación de la palabra completa.
De este modo, para los griegos, la verdad tenia el significado de una oposición al olvido, a la ocultación. La verdad era un Aparecer, un desocultarse, un mostrarse y hacerse evidente, despejar las tinieblas y salir a la luz; un ser sin más, entendido esto en el sentido último.
Con Descartes nos jodemos al adoptar un significado diferente para Verdad. Esta se entiende como una adecuación, un emparejamiento, una correspondencia o coincidencia entre “Lo que digo” y “La cosa” de la que digo. En palabras llanas es como decir: el cielo (la cosa) es azul (lo que digo) y eso es verdad porque estamos de acuerdo en la correspondencia de mis palabras. Si no estamos de acuerdo, es decir, si no existe coincidencia, correspondencia, entonces es mentira.
Es en ese estar de acuerdo donde se jode todo. Porque entran las apreciaciones subjetivas que todo lo descomponen, lo violentan y prostituyen, lo arreglan en beneficio propio. Y ahí vamos: como monos bilingües y atrabiliarios, defendiendo nuestra posición y nuestra verdad a toda costa, violentando y haciendo de este mundo una mierda espantosa.
En cambio, lo que es Verdad, en el sentido primordial, no se discute, es como la luz del sol, evidente para todo mundo. Y adquiere sentido, entonces, la frase de Nietzsche cuando va y dice: Como si la verdad fuera lo bastante estúpida como para necesitar defensores.
Estaba sorbiendo sus dedos porque se había acabado las guayabas, los arbustos donde ellas crecían y los árboles de todo alrededor, se lamía las manos escurriendo de jugo y se pasaba la lengua por toda la cara para hacer buches de baba y escupir a continuación, estaba limpiando las semillas de guayaba que le cubrían de pies a cabeza, tenia miedo de que las semillas le empezaran a crecer encima, una semilla, un arbusto, luego un árbol. Le aplastarían si le crecían encima, el tiempo corría como demonio y si se descuidaba, si no escupía con prisa, la semilla explotaría dentro de el para arrojar un árbol gigante con raíces hambrientas como serpientes recién nacidas y sedientas, hambrientas como el mismo.
Pensó que limpiando las semillas y luego escupiéndolas podía esperar a que estas crecieran de nuevo, a que salieran arbustos llenos de más guayabas jugosas: tenia mucha hambre.
En aquel planeta, luego del agravio de las sillas y de las casonas de tapias viejas, le dio hambre. Paso mil años tirado sin nadie que le ayudara a reponerse de la golpiza: su hambre se hizo demente, gigante. Ahora se había comido entero aquel bosque de guayabas y se limpiaba de semillas para esperar un nuevo festín. Su única virtud, pese a lo enfadoso que era y a las transformaciones que sufría constantemente, era la paciencia. bellaCo era el ser mas paciente en aquel planeta lleno de sillas cobardes, de crueles casonas de tapias viejas y de bosques expresos de guayabas re-nacientes, re-vinientes.
Paciente y todo, en cuanto empezaron a brotar los primeros arbustos, bebes en un primer instante y llenos de flores al siguiente, bellaCo se les echo encima con su bocota abierta y hambrienta. Comenzó a chupar, primero, el néctar de las flores, con una grosera repugnante y odiosa delectación. De haber sido terrícola, bellaCo se hubiera comido las abejas con todo y aguijón que, en el planeta tierra, viven en las flores de guayaba. Estaba tan hambriento y al mismo tiempo tan fascinado con el néctar dulcísimo que las nuevas flores de guayaba escurrían y no sintió el primer arbusto que dejaba de serlo y se convertía en árbol para aplastarle un pie y enterrárselo en un movimiento desesperado de raíz buscando sustancia de tierra fértil: era la raíz enredada en su pie pálido y casi transparente que se hundía en la tierra soñando alimento.
Primero fue un pie, pero el tarado seguía aferrado a la flor gigante que dejaba de serlo y se convertía en árbol dentro de su boca estúpida.
Le nació un árbol debajo de la lengua, otro árbol en medio de los dientes frontales y uno más abajito de la campanilla y entre las amígdalas.
Mientras otro más le aplastaba con una zancadilla.
bellaCo tenia mucha hambre después de la golpiza recibida.
