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Jovencitas desnudas

Mirando el registro de actividades de MT he descubierto que mucha gente busca en este sitio Jovencitas desnudas.
Hay búsquedas de todo tipo. Pero el de Jovencitas desnudas lleva la ventaja.
Ante esta situación, y debido a mi rencor y odio personal a las búsquedas infructuosas, he decidido escribir un texto de ¡Jovencitas desnudas!
Para que quien busque, encuentre.
Sales vales.
Acomódense en sus asientos.

Jovencitas desnudas (acto único)

Lo mejor de todo son las jovencitas desnudas. Aquellas que no tienen ningún problema cuando se trata de ponerse manos a la obra. A veces sucede que se lo piensan un segundo. O dos. Pero de inmediato comprenden que por ahí no va la cosa. Rectifican sin que te des cuenta del predicamento. Y ya esta. El mundo seria demasiado mierda si ellas no existieran. Digo, afortunadamente algo o alguien (o que se yo) hizo las cosas bien. Y las jovencitas desnudas existen.

Me gustan las más expansivas, las que te dan todo sin pedir nada a cambio. Las que nada mas te ven y se sonríen y ya están diciéndote con el pensamiento o con su sonrisa o con su simple andar que, vale que no hay bronca que te acerques sin demasiados titubeos y que mires lo que ellas tienen. Ellas son platicadoras y se dejan. Que les platiques digo. Podrías pasar mil años ahí a su lado nada más platicándoles. O mirando lo que ellas tienen.

Ahora.

El único gran problema que existe alrededor de ellas y por el que mucha gente padece y en verdad se enferma conforme pasa el tiempo y la ansiedad o la depresión o ese tipo de enfermedades ocasionadas por un desconocimiento de la realidad mas inmediata le agobia como una pesada carga de esas que en la antigüedad mataban a la gente y ahí ves los textos indescifrables de las generaciones antiguas donde se detallan incontables insufribles y atroces remedios para salir de la enfermedad que como un hechizo te ha tirado dentro de la cueva dejándote ciego y estupidizado frente a la pared sin advertir otra situación que la que dentro de ti te has formado en un mundo imposible lleno de jovencitas desnudas y de sol y calor y donde algo o alguien le ha dado una patada en el culo a los problemas y dificultades y a todo tipo de agobios mundanos y en ningún modo agradables.

Digo, que el único gran problema es que las putas jovencitas desnudas van por el mundo tirándole la onda a cualquier pela-gatos sin avisar que cerca de ellas y cuidándolas están los Jovencitos Desnudos, una panda de hijos de puta feos como la mas negra noche que te rompen la madre si te ven cerca de ellas.

Mierda.

(xxii) Desaparecer :: final


Cuando despertó, estaba recostada sobre la esterilla multicolor. De vuelta. De regreso al mundo estival apareció magullada y confundida pero de-vuelta finalmente.

Alona comía raíces a su lado: miraba ensimismada las nubes mientras mascaba lentamente un pardo trozo de raíz. Al sentirla despertar salió de su contemplación, suspiro soñolienta y luego enfoco su atención en ella. Después de un momento (Mirisha reconociendo su entorno, un bebe mordisqueando una flor-girasol, sorprendiéndose con el vuelo de una alondra), le ofreció una raíz. No obtuvo respuesta. Mirisha miro ese objeto de aspecto suave y extraño que le ofrecían, abrió la boca pero no dijo nada.

Alona se puso de pie. Levántate, pidió; recogió la esterilla, la canasta -unas raíces dentro-, y luego, tomándola de la mano, echo a andar en dirección al río. A la mitad del trayecto se detuvo. Tenia el rostro iluminado. Dejo caer la canasta y la esterilla para correr detrás de una mariposa multicolor. Con un aire ausente, Mirisha la vio alejarse. El murmullo del río llegaba hasta ella. Siguió adelante.

Poco a poco un remolino de ideas- palabras-sueños-visiones se comenzaba a desatar dentro de ella. O fuera de ella, porque se sentía un espectador morboso que no puede moverse por temor a interrumpir el fluir de ese crecendo: allí esta, sin pensamientos, vacía y fuera de sí, enfocada la luz de sus ojos en visiones-del-otro-lado-que-no-comprendía.

En el río se estaba bien. Sentada en la ribera vio correr las aguas casi transparentes, caer las hojas secas de los arboles, trabajar a las abejas en las flores, crecer a las flores y a la hierba. Vio acercarse a Alona con la canasta y la esterilla.

La visión de Alona con una canasta bajo el brazo se sobrepuso a una imagen muy similar -demasiado- que corría desbocada en el confuso stream-of-consciousness que experimentaba, esto la hizo saltar involuntariamente porque la Alona del fluir vertiginoso que el fondo de sus ojos captaba era la misma que la superficie registraba junto con el río y sus riberas. Y esta correspondencia detuvo por unos instantes el vértigo.

Le pareció verse a sí misma.

Comenzó a temblar. Ahora estaba asustada. Sin embargo, supo que si no se aferraba a esa imagen, el circulo vicioso en su cabeza la aplastaría y nunca mas podría salir de ese estancamiento en que se encontraba, después de su encuentro con los espantos del bosque, congelada y sin poder hablar.

¿Es posible imaginar el embotamiento que sufre, su estado de animo? Esta pasmada y no puede hablar. Aun esta asustada. En coma. El susto que paso fue mortal. Es que nadie le había dicho que el mundo era así. Como el niñito que sabe, porque lo ve en quienes le rodean y porque se lo han repetido hasta el cansancio, siempre inconscientemente, que los conejos son tontos porque tienen una cara de mensitos con sus ojos grandes siempre soñolientos de retrasados mentales, que no hablan, solo mueven su boca mascando hierbitas y que nunca hablaran, que eso es tan disparatado como…

Y un día cuando por la mañana el niño se acerca a la jaula de los conejos para darles lechuga de comer el conejo le dice: “oye tu chamaco, límpiate las narices que las tres chorreando”.

Alona llego a su lado con una mariposa multicolor en la mano derecha, se sentó junto a ella y dejo la canasta entre la hierba. La esterilla no estaba. Mirisha la miro con ojos interrogantes, abrió la boca pero no dijo nada. Alona alzo los hombros, se puso de pie, se saco el vestido estival con un movimiento y se tiro al río. Allí, se zambullo hasta el fondo y después de un momento reapareció en la superficie. Comenzó a chapotear nadando de espaldas, de cabeza, solo sus pies sobresalían del agua, dejándose ir hasta el fondo con los dedos índice y pulgar a modo de pinzas en la nariz, para salir con el cabello relamido chorreando agua sobre sus ojos y sobre sus hombros desnudos.

Y esta explosión de vitalidad llegó acompañada por el trino de los pájaros, el viento que comenzó a jugar con los cabellos de Mirisha, las ramas de los arboles meciéndose en un verano verde y esplendoroso, ardillas buscando comida, curiosas y ávidas ante ese misterio sentado junto al río.

Frente a esta algarabía, un sentimiento desconocido dentro de Mirisha pugnó por salir -la lucha que se libraba en su interior se intensifico- su cuerpo se sacudió con un espasmo -el golpe en su cabeza era una cicatriz demasiado pequeña ya, que desaparecía con la rapidez de un mal sueño, de un sueño no deseado. Entonces quiso decir algo, cualquier cosa, pero su voz no estaba. Quiso levantarse para meter la cabeza en el agua, quizá el estancamiento en su interior desaparecería, pero no podía moverse. En su cabeza sus deseos daban vueltas y vueltas, como un perro que quiere morderse la cola…

…Que da vueltas y vueltas sobre sí mismo, que terco y obsesivo solo quiere morder su cola para cerrar el ciclo de ser perro, hasta que se cansa y con la lengua de fuera se tira en el suelo porque quiere reponerse; y tu te le quedas mirando, te parece un perro normal, común y corriente, despierta en ti esa clase de simpatía que te lleva a acariciarlo y que te impide imaginar o te hace olvidar que te puede lastimar, que puede morderte la mano, o meterte un susto mortal con solo enseñarte los dientes, grrrrrrrrr, para luego seguir dando vueltas y mas vueltas tratando sin cansarse de morderse la cola; y tu estas seguro de que lo va a lograr, aunque nunca lo veas hacerlo y te cansas de verlo y te alejas deseándole suerte.

Allí sentada, como un títere de coyunturas muertas e hilos rotos, de pronto, comenzó a llorar.

Descubre tu rostro

tus manos traviesas
¡He visto tus ojos,
tu risa cristalina!

Sorbiendo la nariz sintió que Alona la cogía de un pie arrastrándola hacia el río
– Ya no llores pecosa -la consoló
Y en medio de risas, antes de darle un empujón, exclamó:
– No he sabido que nadie se muera por el beso de una bruja.

mjm

Cuando te mueres te quedas callado. No puedes hacer nada. Te quedas callado y es todo. No se te ocurre replicar porque sabes que te estas muriendo o que estas muerto. Toda la vida te enseñaron que los muertos se quedan callados así que ni siquiera se te ocurre que puedes decir, que puedes gritar o protestar o quejarte o decir algo cualquier cosa. Te mueres y te quedas callado.



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