
Entonces van llegando al pueblo, un pueblo feo, y al pasar por una casa llegan frente a la puerta principal. En ese momento de la puerta principal sale un gas (que parece un humo azul) con fuerza violenta y en forma de una nube polvosa. El humo-gas se les echa encima y los tira.


Ahí tirados, en el suelo de piedras (es un camino), se comienzan a transformar, al señor le salen dientes largos y, re-de-pente, muerde a la niña de seis años, la muerde y le quiere arrancar un pie. La niña de seis años también tiene dientes grandes, colmillos de perro, muerde a su vez al señor. Se muerden entre ellos.

Lo ultimo que veo, antes de despertar, es como el señor (es más grande que las niñas) arranca de un mordisco la cabeza de la niña de dos años. La arranca de un mordisco con sus dientes de perro salvaje y destroza el cráneo entre su mandíbula sangrienta.

El miércoles pasado el viejo se rayó. El capullo se quedo callado cuando le di las monedas. Se quedo callado y se fue a tomar por culo. La super fiesta de la noche mexicana que se prolonGó hasta el 16 me dejó en coma y la mañana del 17 (miércoles) que escuche sus gritos me levante todavía en estado terminal para sacar las bolsas, eran como mil (jeje). Y le di dinero.
Le di todo el dinero que me quedaba.
Mas tarde, cuando busque para una cerveza, no había nada. Esas puñeteras fiestas de los mexicanos gritando viva México son peligrosas desgastantes inútiles patéticas miserables dolorosas ingratas aburridas (nah) y esta cabrón andar dejándose ir como un infeliz hijo de puta que piensa o imagina o nada más supone que se van a acabar todo el alcohol del puto mundo y lo mejor es ponerse tope borracho antes de que no quede nada en las botellas. Agh.
