Y ella reía como pinche loca ![]()
Antes de despertar, una imagen, el corolario de un sueño incoherente, insistió en acompañarla a la superficie. En ella se veía a sí misma en un claro del bosque, profundamente dormida sobre una esterilla de extraños diseños. El cielo era la derruida bóveda de un recinto abandonado (tal vez un antiguo convento, una iglesia medieval) donde una fisura en lo alto proyectaba sobre ella el pálido rayo de luna de una noche lejana, inasible. A su alrededor, mas allá de un pequeño circulo de luz, la oscuridad sin limites habitada por alimañas, espíritus y espantos desconocidos, escondía tres pedazos de noche, tres bestias enfermas que rondaban con paso lento, intentando robarle la mitad de un sueño.