
A esa ilusión de paz y tranquilidad, se unía el tenue murmullo de un río cercano.
Respiro profundamente tratando de sacarse el sueño de encima.
Estaba mortalmente débil.
Torpe y mareada, se recostó sobre las hojas suaves. Tal vez si soplara un poco el viento, si no se estuviera tan bien en este lugar, se dijó. Cerro los ojos en un acto irreflexivo y necio, inmediatamente una intensa negrura la envolvió. Penso que se iba a dormir, pero en el instante siguiente recordó el dolor en su cabeza, la sangre seca sobre su rostro. Antes de que pudiera hacer algo, cualquier cosa para evitar lo que ya se le echaba encima, la oscuridad dentro de ella misma -los ojos cerrados- se la trago violentamente, instalándola en el momento primero: ahora estaba de regreso, trepada en el árbol frondoso y la hoja parlante sobre su hombro aleteaba convertida en el pequeño pájaro lapislázuli.
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