
Te dejaronpálida
y vacía
como
hoja
en
blanco

– ¿Quieres vivir conmigo?
Era un demonio estúpido, no se daba cuenta que Mirisha no podía hablar como esperaba, que toda ella era un terror helado que ni la mas beatifica visión podía haber hecho reaccionar. Tal vez anteriormente, con otras víctimas, había obtenido una respuesta, cualquier clase de respuesta, un gruñido, un grito, una negativa aterrorizada, o una aceptación incondicional. En este caso, si la reacción de Mirisha a la pregunta del demonio puede considerarse una respuesta, entonces el demonio no la reconoció; su desconcierto ante el rostro petrificado de Mirisha era autentico; y ese fugaz instante que perdió tratando de comprender fue aprovechado por Alona que como un ángel aparecido le arrebató de las garras a Mirisha desprotegida.

Me he condenado, se dijo Mirisha. Estas brujas me raptaron. Me comerán viva. Azotaran mi espíritu, lo guardaran en su guaje embrujado. Estoy muerta. Me caí de un árbol porque las brujas mandaron a su pájaro ejecutor. Morí y subí al cielo. Pero me rechazaron. He sido mala, si, y me he condenado.
Como en un sueño, la esterilla de extraños diseños se disolvió bajo sus pies. Y ante sus ojos, los tres demonios se hicieron uno solo.
Estoy muerta, insistió Mirisha.