Mirisha lastimó su cabeza al caer del árbol. Sucedió en un instante. Repentinamente todo se había transformado.
Se levanto de un salto y corrió a ocultarse tras un arbusto.
Asustada, una ardilla siguió su ejemplo.
Con un estruendo, violentamente, rompiendo el mas dulce de los ensueños, el árbol se vino abajo.
Matando al arbusto. Golpeando a Mirisha.


Corre
echa a correr desesperadamente
no te detengas
correPronto será de noche
escupirás sangre
tropezarás en tinieblas
corre sin detenerteSus voces son de angeles
te atrapan
confunden
corre y no escuches

Era justo el mediodía. Desde lo alto del árbol, por cada oquedad arrebujada entre las ramas, la luz totalmente vertical del sol fue lentamente bloqueada por la caída de una diminuta hoja, suave como ala de pájaro, la cual, después de posarse en el hombro de Mirisha, le susurró al oído:
- Soy yo quien trae la noche y la muerte arpía.