
Parecía el más grande árbol que jamas había visto. Después de contemplarlo absorta, trepó a él decidida, con la agilidad de una lagartija acalorada. Su cuerpo delgado y ágil de cervatillo inquieto se enroscó en el rugoso tronco. Arriba, escondiendo sus rubores entre el intenso follaje, la esperaba el fruto original, rojo como sus labios, como la sangre en sus venas corriendo desbocada, hinchando su corazón en cada diástole, arrugándolo en cada sístole, inundando sus arterias para alimentar cada célula de su cuerpo con el preciado oxigeno que el árbol mismo le ofrecía. El árbol y ella: una sola sombra que bailaba entre el vaivén del sotobosque henchido.
Era justo el mediodía. Desde lo alto del árbol, por cada oquedad arrebujada entre las ramas, la luz totalmente vertical del sol fue lentamente bloqueada por la caída de una diminuta hoja, suave como ala de pájaro, la cual, después de posarse en el hombro de Mirisha, le susurró al oído:
- Soy yo quien trae la noche y la muerte arpía.
Y Mirisha… muere? Acaba así la historia? Porque ha probado el fruto prohibido? No, cuéntanos más NuEz, no puede acabar así, el fruto prohibido no debe traer la muerte, sería demasiado moral…. quizás por esa hojita cabrona cambie el curso de la historia…
26 July 2003 a las 17:37
wow.
Espero el próximo.
27 July 2003 a las 1:54
Mas…
27 July 2003 a las 4:48
Por casualidad vi tu nick en el blog de Afrael. Y de allí, a aquí.
Pero, no tiene nada que ver un estilo con el otro.
En fin, importa eso acaso?
Jolines, veo que la amiga Marian Sad, tambien estuvo por aqui….Bueno Nuez, un saludo desde Venezuela. Espero que estemos en contacto.
27 July 2003 a las 11:31