Eran las 2:00 PM
Luego ya. Fui a su trabajo y nos colGamos platicando hasta las 4:00 PM. Escuchamos juntos una canción muy cura en los audífonos que ella traía, unos que me roBo sin preguntarme ni nada. La canción decía de uno que anda detrás de una monita y la monita le insiste en que eso no es amor sino mera obsesión. Nos reímos mucho. Luego ya comparamos el tamaño de nuestras manos y decidimos que las suyas estaban chicas, que en comparación tengo los dedos gordos y ella no, después me dejo darle besos en la palma de la mano, en el interior fresco que olía a jaBon.
Quedamos de vernos el viernes para ponernos de acuerdo y salir el dominGo, le dije: el dominGo no piduCa que hay mucha gente en la calle. Pero luego pensé que eso valía madre. Nos reímos mas.
Nos despedimos a las 4:15 PM. Ella estuBo contenta todo el tiempo y yo me moria.
Hacia el final del día nadie había descubierto aun el cuerpo inerte de Mirisha. Después de pasado el susto, solo los pájaros y las ardillas, que fueron testigos de la tragedia, se acercaron a cuidarla, arreglarle la ropa, sacudir el polvo y las hojas muertas que empezaban a cubrirla.
Si esto fuera un cuento de hadas, diría que transcurrido un tiempo, un príncipe llegó ante ella, bajo de su caballo y con un límpido beso de amor la despertó, aliviándola al instante, para llevarla al palacio real; o diría, por qué no, que de la sangre que escapo de su cabeza nació una flor blanca y triste símbolo de aquellos desgraciados que sufren una muerte violenta.
Pero nada de eso. Mirisha seguía allí tirada y nadie llegaba.


Ni siquiera tenia dientes cuando paso. Era una inofensiva criatura de huesos recién nacidos. Le arrancaron de un mordisco la oreja para decirle: escucha bien miserable piojo extraviado …y después de odiarla, la asfixiaron con abrazos.