Cuando era adolescente un día me enfadé con todos y me largué de la casa y subí a un autobús y como iba todo borracho me vomité en el pasillo. Luego llegué a media noche a San Luis Potosí y salí de la terminal de camiones y no tenia puta idea de dónde estaba y caminé media ciudad oscura durante horas y no hacia frío y las calles estaban desiertas y desconocidas. Así hasta que amaneció. Cuando salio la luz del sol entré a un hotel y me dormí un día entero.
Un día quiero trabajar en una cantina de una ciudad fronteriza. Quiero levantar la voz cuando los vagos y los delincuentes se asomen en la entrada para decir: “¡Pase pase, pase señor, qué le vamos a servir!?. Me llevarh las mejores propinas y dormiré en un hotel de paso. En las calles estarán las putas y todos los días me pondré mis botas, mi camisa planchada y mi cinturón de hebilla. Cuando sea fin de semana beberé cervezas y platicaré con las muchachas. Juntaré miles de pesos y conoceré a todos los festivos.
De mi trabajo no me gusta mucho cuando no hay mucho tiempo. Cuando te presionan para que termines las cosas. Uno va y piensa ¿con que quieres que me apresure? Y entonces pasas de lo correcto y escribes líneas de código así, como se dice, al vuelo. Tu vas y las escribes y sabes que todo eso necesita unas cuantas corridas para detectar errores. Pero entonces resulta que no existe un departamento de pruebas. Y todo es como si las cosas quedaran pendientes. En un hilo. Y eso me caga.
Cuando es viernes me voy a la calle y no regreso sino hasta el lunes por la madrugada.
Casi no me gusta decir mentiras porque luego no recuerdo las cosas que dije y entonces sucede que la gente me sorprende. Me dicen: “¿recuerdas que dijiste tal cosa??. Y yo me quedo desconcertado.
El problema es que nunca recuerdo nada. Nada. Es una lesión cerebral, supongo. No recuerdo lo que comí en la tarde. No recuerdo lo que sucedió la semana pasada.
Me gustaría que la vida fuera como una canción de Miranda. Solo así estaría repitiéndola y cantándola todo el tiempo. Y la recordaría.
Si la vida fuera una canción seguro que no la olvidaría.
Iría por la calle cantándola todo el tiempo y repitiéndola y si alguien me detiene y me pregunta algo, cualquier cosa, le respondería de inmediato:
Pero dios no existe y la vida es una puta injusta arrabalera y desgraciada y yo no estoy a cargo.
Así que no podemos sino instalarnos en la actitud correcta. Ya te digo: no puedo hablar de todo esto sino es en función de mi. Porque la vida me debe una ¿ves? Por eso soy un hijo de puta irresponsable y abusivo y pisoteo a quien se ponga enfrente y me como el mundo a mordidas de perro. Porque la vida me debe una. Y no me ha pagado aun nada. Ni un pedacito. Esa es la actitud. Y no tengo miedo. Ya estoy muerto. Me rompí la madre en 98 cuando me tire de aquel quinto piso. Todo esto ya nada más es extra.
Así que estamos igual ¿ves? La vida nos debe una. A ti y a mi. Así que déjate de preocupaciones estúpidas y ponte las putas pilas y suéltate de esa estúpida y horrible fijación y vuélvete irresponsable e hija de puta. A la mierda las responsabilidades y las preocupaciones que solo te matan y envenenan tu alma. La vida nos debe una.
Y nos la vamos a cobrar muy cara.