Un día el gato estaba buscando novia. Decidió que tenia que ponerse en movimiento si quería encontrar novia pronto. Se consiguió un trabajo haciendo comerciales en televisión. Exterminó a todos los ratones del vecindario para ganar fama. Tenia peleas todos los días con los perros callejeros tratando de obtener respeto. Ayudaba a las viejecitas a pasar la calle y cuidaba niños pequeños en sus ratos libres. Era el gato mas esforzado y bien portado de la comunidad felina, tenia el respeto de sus enemigos y una reputación intachable. Sin embargo el gato no veía resultados, no podía conseguirse la novia que necesitaba. Aunque todo el mundo lo admiraba y las pequeñas gatas solteras del vecindario pasaran la noche entera maullando bajo su ventana.
Pero era un gato necio. Firmo un contrato para una película de aventuras felinas. Recorrió el mundo entero y gano los premios mas inalcanzables. Se volvió el gato mas famoso de la galaxia entera.
Pero de su gata pareja no veía ni rastro siquiera.
Cuando era niño me gustaba mucho que mamá llegara. Ella siempre andaba trabajando y no la veíamos en todo el día. Unos días tristes y agobiosos. Unas tardes hijas de puta. Por la mañana estaba en la escuela y aunque había mas niños y niñas y maestras y dibujos en cuadernos cuadriculados, de todos modos no me gustaba. Me gustaba cuando era el recreo y me ocultaba atrás de los tinacos en complicados juegos donde todos corríamos a escondernos en medio de gritos festivos. Me volvía de colores y desaparecía como humo mientras las miradas se fatigaban.
Quiero volverme de humo nuevamente y ocultarme detrás de los tinacos donde hay nidos de arañas y pequeñas sabandijas de dientes brillantes. Me las comeré a mordiscos con mi hambre infinita y visceral. No me importa que en la carrera tropiece y caiga escaleras abajo rebotando contra los filos pum pum pum y desmadre mis huesos de nieve derretida.
Me volverán a crecer dientes de perro para asustar a las niñitas de vestidos almidonados y lápices de colores. Les daré besos en la boca y echaré a correr escapando de la maestra que me ha descubierto, con mis veloces movimiento de brazos. Y nadie podrá alcanzarme. Ni aunque saquen manguerazos de agua fría para detenerme. Robaré refrescos de sabores para aliviar mi sed y el jodido entusiasmo que cosquillea y me obliga a seguir y seguir hacia esa deliciosa luz que instala la luminosa mañana.
Y aparecerá mamá para darme alimentos y terminar con esas tardes silenciosas y pendejas.
La serpiente tiene una voz desquiciante. Plañidera, ruega todos los días. Se enreda en mi cuello intentando ahogarme. Insiste sin cansarse. Serpiente, demonio escapado del sueño infantil, ¡basta! ¡no insistas! Mucho cuidado tengo de escucharte ¡Serpiente! ¡Farsante! Cierra por fin tus horribles fauces. Que no alcanzo a escucharte. Estas vieja. Arcaica. Escúchame decir esto ¡Basta! Nada tienes para mi. Nada tengo que escuchar. Detente.
Ella sabe que mi cuerpo quiere sentirla. Que esta cansado de ese escándalo sin sentido que alrededor como en una fiesta de insanos se desata. La serpiente sigue. Ajena a mis suplicas. Sabe que es cuestión de intentarlo ¡Serpiente!
