El suéter rojo me gusta mucho. Esta calientito. Siempre me lo pongo en lugar de los demás suéteres que tengo. El me dice: “quiero ir contigo?. Y entonces voy y me lo pongo. Nada mas que ya esta un poco mugroso. No me gusta separarme de el y llevarlo a la lavander¡a. El llora cuando tenemos que separarnos. Tampoco le gusta dejarme sola. Pero esta mugroso. Así que lo llevo a la lavandería y yo me pongo triste. Pero el sabe que no debo ponerme triste y entonces dice gritando desde la lavandería: “espera espera que me ando dando un súper baño?. Entonces me vuelvo paciente y pienso en otras cosas. Le digo rmi flaquito? porque me queda estrecho y se me pega calientito y no deja que me enferme ni que me ponga triste. Ahorita que es de noche y que tengo que regresar me lo pongo y se me quita un poco la tristeza que tengo. La interminable tristeza que traigo pegada todo el tiempo. Mejor quisiera que todo esto terminara rnpidamente. Adios. Y ya.
Quisiera poder detenerme pero no puedo. Sigo de vacaciones y la semana que entra debo regresar al trabajo. Afuera la luz del sol y las calles llenas de gente.
Se que prometí meter mano a fulguris y ayudar a mis amig@s. Pero no puedo detenerme.
Me fui a tomar por culo en la semana que acaba de terminar con el ipod lleno de rolas y con la cartera llena de billetes. El jodido dosmilcinco que termina no se portó ni miserable ni demasiado remilgoso e hijo de puta, sino todo lo contrario: digamos que me lo monté y que me comieron el alma los demonios maliciosos: (como sea) mi alma es eterna y escapiza y desmadrosa. Y aquí estoy de vuelta.
Gracias a mis compas virtuales que estuvieron atentos en mi ausencia. GraCias a todo munDo tambien. Gracias. Gracias. Gracias. Tres veces.
Ahora he regresado.
Y empieza dosmilseis. Y quiero que todos seamos demonios maliciosos y quiero que todos nos lo montemos y que nos comamos al mundo con nuestros dientes filosos y que nadie padezca ni se agobie.
Ese es mi deseo para dosmilseis.
Un puto deseo genuino.