En mi sueño no tengo camisa pero tengo dientes filosos. Hay sol y mi perro vigila la calle protegiéndome de los malvivientes. He bajado de mi bicicleta esperando que empiece la acción.

Pasos, polvo, música, coplas cantadas, mujeres de manos blancas, vestidos bordados, pájaros dibujados, tengo sed. Un día me llevabas en brazos mientas la banda decía de las mujeres acaloradas y de las canciones que ellas cantaban. Pienso en el río donde terminaba la sed y respirábamos antes de continuar el viaje. Estoy enamorado. Esperábamos con ansia la hora de la comida cuando podíamos descansar y aliviar el calor. Platicábamos de los pájaros y de las abejas. Echábamos risas mientras la música seguía y nos urgían a seguir. Íbamos fulgurantes y teníamos la verdad. Entonces era un mundo distinto. Cantábamos orgullosos, si, si, y la banda detrás de nosotros. Las piedras coloridas nos mostraban bellaCos atrapados y dibujos coloridos. El mundo primigenio nos cobijaba y éramos felices.

Eran días de sol cuando el hemisferio se vestía de flores y se confeccionaban las historias antiquísimas donde el dios era raptado al inframundo al toque de una rama de árbol, donde las ninfas recorrían los siete infiernos buscando el auxilio y el rescate liberador que nos rejuvenecería a todos.
Todo da vueltas. Gira y se sucede. Termina al mismo tiempo que empieza. Nada es importante. Nadie es único ni de casualidad. Ya todo ha sucedido. Y solo se repite y se carcajea.
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta. bellaCo estaba soñando que bailaba con Büilare. Era una canción que cantaban unas lombrices mientras masticaban sugus de naranja. Ambos se morían de risa porque las lombrices con sus dientecitos filosos les provocaban dolor de estomago. Estaban felices porque apenas comenzaba la primavera y había árboles morados por todos lados, además, podían comer puños de azúcar sin enfermarse. Era el cumpleaños de Büilare.
- ¡Dibújale una cola de perro, dibújale una cola de perro! -comenzó a decir una vocecilla en el sueño de bellaCo.
A Büilare le salió una cola de perro y bellaCo casi despierta de la impresión. Entonces la abrazo mas fuerte concentrándose en el canto de las lombrices y en los sugus anaranjados. Le dolía mucho el estomago mientras Büilare terminaba de convertirse en perro. Las lombrices cantaban mas fuerte con dientecitos alevosos, maliciosos, codiciosos, desesperados.
De todos modos no queria despertar.

Cuando no quiero ni contemplar una situación siempre digo “ni hablar”. Que alguien dice algo, y de inmediato siento que eso no es de ninguna manera posible, entonces digo “ni hablar, no hay discusión, cambia el tema”. Me gusta porque aunque las personas insisten y se repegan melosas como ese tipo de gatos amistosos que tienen necesidad de ser acariciados y te llenan de su pelambre calida y ronronean zumbando como abejas morosas y te mueres y los acaricias y juegas con ellos y no puedes creer como es posible que una criaturita así sea capaz de despertar tanta simpatía y entusiasmo, digo, que me gusta porque aunque insistan y repitan melosas y ronroneantes llenándote de su calor saben de fijo que no podrán avanzar ni seguir mas adelante porque tu desde el principio los has parado al decir fulminante, preciso, seguro de ti mismo: “ni hablar, ni hablar, corta el puto rollo y ándate a mirar las flores salvajes en el jardín luminoso del mediodía”.