Nux fulguris

La sombra negra

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Terminaba la tarde y se hacia de noche. Todo parecía el final de un día tranquilo y cotidiano cuando bellaCo fue atacado por aquel demonio. Primero estaba bien pero luego lo vio acercarse, lo sintió en sus huesos blancos. Se estremeció lloroso y entonces el demonio se le echo encima. Era como una sombra negrísima, bellaCo se soltó llorando. Todos lo vieron encerrarse en medio de aullidos. El jardín lleno de flores dormilonas, las abejas acurrucadas en sus panales aun calientes, el viento corriendo cálido entre los cabellos de la gente. bellaCo entonces soltó aullidos lastimeros. Aulló y aulló y aulló. El demonio se le había envuelto estrujándole y apachurrándole con sus dientes filosos. Le masco como a un chicle de sabores. El cuerpo de bellaCo le dolía y todo lo que veía era un intensísima negrura. Lloraba porque no había esperanza y nada tenia sentido y por delante había un largo, un larguísimo camino y el se había dado cuenta. Digo, el demonio con sus apretujones feroces le decía que adelante no había nada y que nunca lo lograría porque ahí, en ese camino, esa vida que le toco, todas las vidas, en realidad, ahí nada podría lograrse, porque ya todos estaba sentenciados y el libro ya estaba escrito y eran una vision mentirosa esa de la luz del sol, a la mierda, le decía la voz, mordiéndolo feroz, a la puta mierda y entonces solo se escuchaban los aullidos de los perros que estaban asustados por los alaridos de bellaCo y era una inmensa soledad y sus visiones como demonios, uno solo, que se le echaba encima en aquélla tarde cálida y acogedora.

No puedo saltar a la superficie donde la luz del sol me secaría las ropas (mas ficción)

Te quiero porque nos morimos de risa. Porque te arrebato el iPod desconectado los audífonos y me pongo encima y te alarmas buscándolo y dices “¡le arrancaste la colita!”. Genuinamente preocupada. Con un impulso de salvación. Entonces comenzamos a reír sin detenernos. Te amo porque tu impulso siempre es genuino y sabes que me doy cuenta que te das cuenta que me doy cuenta. Entonces reímos. Todo el tiempo. Cuando te platico de los papelitos que nadie ve y corren a buscar refugio debajo de la cama al ver las escobas, esas escobas enfadosas que se llevan a los despistados y a los súper ingenuos. Escuchas atenta que ellos, los papelitos, tienen patitas veloces para ocultarse y, mientras inventamos historias complicadas uno encima del otro, los papelitos viven debajo de la cama echando desmadre en una comunidad imposible de describir llena de fiestas fugaces en medio de las noches ruidosas habitadas de besos y de caricias morosas. Tengo que seguirte. Un día todo se terminara y no tendrás que seguir muriéndote de frío. Y yo dejaré de decir mentiras ¿En donde dejaste tu suéter rojo que todo el tiempo te extraña?

No quiero trabajar en semana santa pero si quiero que todos los días sean como el día de hoy

Hoy fue un día muy extraño. Estuve contento por nada. Inquieto que te mueres. Así como despreocupado y desinteresado de todo. Y al mismo tiempo trabajando mucho. Cuando dieron las seis me descubrí satisfecho por lo que estaba haciendo: todo el día con el iPod listeneando rolas y tirando líneas de código, insensible a mi alrededor. La puerta abierta de la oficina y la gente como abejas. El tiempo paso volando. Por la tarde me comí cinco tacos y me bebí dos refrescos. El señor de los tacos, todo cool y desenfadado, me alcanzaba los tacos y me decía: “ahora le voy a ganar yo”, llenaba mi plato y se volvía a sentar para disfrutar la tarde bebiendo un refresco helado mientras el sol caía gentil sobre todos nosotros y sobre la escena aquella que me parece un día de campo donde la gente sale de las oficinas y el señor de los tacos lleva la voz cantante al decir: “aquí se comen lo que yo les sirva” y se ríe y la gente piensa que todo esta bien devorando la comida y extendiendo los platos para que el señor con sus manos veloces y su algarabía les de su merecido y todos seamos felices.

Cuando me despedí de ahí, después de pagar y echar risas con el señor de los tacos, me fui caminando a la avenida. Me fume un cigarro mirando pasar los autos mientras a mi lado, en la banca de a lado, dos adolescentes se daban abrazos apretados. Ya no me apresuro: aprendí a esperar pacientemente a que el semáforo se ponga en verde para atravesar la calle.

Y sin embargo sentía que estaba pasando por alto algo muy importante, algo esencial. Era una sensación incomoda que estuvo conmigo todo el día. Tambien pensé que mi vida no es nada complicada, que a veces solo me azoto por necedades. Me sentía desenfadado y animoso.

Ahora ya esta oscuro y sigo escuchando música en los audífonos. No estoy preocupado por lo que tengo que hacer mañana ni por lo que tengo que hacer después. Creo que iré a dormir.

Lo mejor de todo es que estas aqui



XHTML Strict!
CSS Válido
Usa Firefox
Powered By WordPress

Feed RSS Sindicar Nux fulguris
Nux fulguris forma parte
de la comunidad de blogs fulguris
www.fulguris.net

Creative Commons License
Nux fulguris está bajo una licencia de Creative Commons
Nux fulguris (cc) 2002-2026 NuEz