Nux fulguris

A & B

Todavía el día anterior cada uno durmió arrebujado entre sus mantas porque no se nos ocurrió (se me ocurrió, pero no quise desbaratar la magia porque sabia que un ratito era insignificante y yo, ambicioso y con malicia, quería todo el tiempo, a cada instante, un día tras otro, todo el tiempo, toda la vida con ella) que podíamos hacer una fiesta en el bosque (ese bosque negro donde la había encontrado) en medio de luces y aullidos festivos y abrazos (a)morosos y besos infinitos. Un loop.

Pero al otro día fue que encontró la cajita mágica y me llamo excitada porque tenia que ver aquel, su descubrimiento, y cuando llegue bebimos leche con miel mientras nos sentábamos ahí todos excitados y felices mirándonos a los ojos y mirando su descubrimiento.

Entonces le dije: arrójalo. Era una cerilla que formaba una esfera de luz a nuestro alrededor y que solo dejaba ver una intensa intensa intensa negrura mas allá ¡Arrójalo arrójalo!

Y ella pensaba que si lo arrojaba todo seria tan simple y tan corto y sin chiste y no quería porque, igual que yo el día anterior, quería todo el tiempo, todo el tiempo, todo el bendito y circular y extraño tiempo que nos prometía regalos deliciosos e infinitos allá adelante.

¡Arrójalo arrójalo! saltaba enfrente de ella con mis risas y mis cantos y ella se moría de risa y se dejaba dar besos y estaba feliz pero no lo arrojaba y yo quería que el fuego llenara todo el bosque y quería ver la luz y la fiesta y por eso saltaba a su alrededor besándola una y otra y otra vez, aullando si, preciso, insistente, amoroso, sudoroso, una y otra vez, sin parar, sin aliento, frente a ella, bebiendo de la misma emoción, boca con boca, invadidos (ambos) por el cálido espíritu amoroso que nos envolvía y nos volvía dos capullos que se abrazaban y se hacian uno en medio de la cálida noche de fin de semana. Y es que ya lo había arrojado.

El fuego eterno

…buscando, buscando, siempre buscando, ese, si, su fuego eterno, la esencia, que tenia entre las piernas, que me sofocaba, que me llenaba de esa bendita paz y descanso y me decía por fin si, que había llegado, después de un largo, cansado, intenso y desgastante viaje a través de la absurda y complicada y confusa y agobiante y luminosa vida allá afuera. Si.

A

Cuando el mundo quede reducido a un solo bosque negro para nuestros cuatro ojos asombrados, -a una playa para dos niños fieles, a una casa musical para nuestra clara simpatía-, te encontraré.

A. Rimbaud

Soñábamos que vivías muy lejos. En otra ciudad. Yo conectaba el teléfono y marcaba tu numero para preguntar cuanto demoraría en llegar. Cuando te enteraste que iría me pediste pasar por el desayuno. Compra pan y compra café caliente. Pero cuanto demoraré en llegar, insistí. Tu habías corrido a darte un baño.

Cuando salí aun estaba oscuro. Atravesé planetas dormidos y galaxias luminosas, estrellas donde había fiestas y bullicio y donde se organizaban competencias. En algunos lugares me reconocieron. Me invitaron a pasar. Pero decline invitaciones y promesas. Te echaba mucho de menos y solamente quería abrazarte.

Pero al llegar a tu casa tu dormitabas. No querías de ningún modo despertar ¡Despierta despierta que ya estoy aquí! Aullé desbordado. Soñabas en planetas lejanos donde había caídas de agua y te dabas baños calientes hundiendo la cabeza y jugueteando con los peces de colores. Yo no sabia nada de eso y te aullaba que despertaras. Defendiendo tu sueño me manoteabas y decías ¡calla recaPullo, cállate un momento, déjame seguir durmiendo. Entonces comencé a comerte un dedo. Un dedo del pie te comía chupeteando morosamente. Y no despertabas.

Me subí encima con mi fuerza violenta y te di besos en la boca. Te hundiste veloz entre algas resbaladizas y peces azules escapizos, asustaste a las caracolas y a las medusas. Huías de mis gritos remontando las cálidas ondulaciones. Mi lengua estaba dentro de tu boca mientras mis manos te recorrían diciendo despierta despierta, con cálida voz susurrante, despierta coyuya, que mi luz te necesita.

Cuando abriste los ojos te sonreías.

Non me tenent vincula

El sábado por la mañana me desperté corriendo buscando las llaves del coche. Dije: hoy voy a chocar y romperme la madre. Subí como un demonio con las pelusas en los cabellos despertando al vecindario con mi escándalo infinito. Arranqué desmadrando el pavimento.

Al medio día los helicópteros me perseguían y en las televisiones el mundo entero podía verme escapar con brincos veloces. Burlé tres barricadas atropellando a los vecinos. Deshaciendo sueños y esperanzas.

Estaba feliz. El viento pegaba en mi cara y los cristales me salpicaban. Había sangre por todos lados y voces que me desesperaban. Tenia un cuchillo en la cintura.

No podía detenerme. Miles de infelices me perseguían. Pero no podía detenerme.

En el sueño, antes de despertarme (y comprender que tenia que salir corriendo como hijodeputa en fuga), me bebía los brebajes y los frascos prohibidos. Después vomitaba sustancias azules. Vomito azul que salía por mi nariz y por mi boca asustada. Que me impedía respirar. Que me ahogaba. Me asfixiaba quitándome el aliento. Matándome. Inexorablemente.

Entonces desperté.

Y subí al coche y arranqué y el mundo se volvió demonio y recuerdo, antes de que todo se descompusiera y se volviera farsa infinita, que escapé y me volví humo inalcanzable y atravesé al otro lado rasguñado y adolorido y aullando, desbordado y vuelto demonio porque no me habían alcanzado y había escapado y estaba a salvo y magullado y asustado pero por fin libre e inexplicablemente vivo.

Vivo.

Y tal.



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