Había estado deseando que el frío se me quitara y ya estaba muy cansado nada mas caminando y caminando y hablando conmigo mismo porque estaba solo en medio de la nada y luego se hacia de día y luego se hacia de noche y yo nada más ahí iba caminando y buscando aunque no sabia que cosas buscaba pero lo que pasaba es que no me podía detener y ora llovía y salían nubes y yo quería en realidad que todo terminara y dormirme en una cálida cama acolchonada y soñar y descansar y arrebujarme como cuando niño y no tenia preocupaciones y nada más me quedaba en mi cama caliente y ahí como recién nacido burbujeante y nunca me quería levantar de mi súper cama pero nada de eso que yo andaba ahí nada mas caminando muriendo desesperado y muy fatigado y entonces sucede que la vi a lo lejos y me acerque y dije es una cueva y entonces pensé en hundirme en ella y dormir y descansar pero aun estaba muy lejos y camine y camine y camine y dije otras tantas cosas en mi propia cabeza en un dialogo interno interminable y entonces cuando por fin estaba cerca (y era de noche), digo, cuando por fin estaba cerca y me metí que sale una jauría de perros salvajes y que me rodean todo ellos y que se me echan encima para morderme y zarandearme y darme una golpiza eterna con sus aullidos feroces que envolvían la noche entera y sus ojos de sangre odiosa y sus pelambres rebeldes y eran como zorros o así como lobos flacos pero tremendamente rabiosos que habitaban aquellos lejanos lugares impíos y entonces ellos me agarraron una súper paliza por tratar de meterme en la cálida cueva inalcanzable esa de mis visiones fugaces y fatigadas en esa eterna noche de sinsabores, agobios penurias desasosiegos y de una eterna soledad infinita y tal, buscando, siempre buscando.
Soñé que yo estaba dormido de tu lado y tu estabas en el mío y tenia mi mano colgando de la cama entonces llegaba Camila y me empezaba a dar besos y en medio de mi sueño agitaba la mano pero entonces el bote de jugo (el bote de jugo-desayuno) se iba de lado y se caía debajo de la cama. Yo veía cómo lentamente el jugo formaba un pequeño charco que comenzaba a expandirse debajo de la cama y era un lago de durazno que crecía y crecía al punto de que pensé que nos llegaría a los pies encima de la cama y nos hundiría, entonces quise aullar para que Camila se acercara festiva a darme besos con su lengua rasposa y sus ladridos de perro enamorado, Camila me quiere mucho porque cuando me ve agita su pequeña cola de perro y me muerde con sus dientes filosos, pero son mordidas de amor y saludo amistoso, entonces quise aullar, digo, para que Camila llegara fulgurante a ayudarnos, yo aprovecharía y nos subiríamos arriba de ella para escapar de ese charco jugoso de durazno que crecía todo en uno pero Camila había echado a correr ladrando desatada huyendo de sus travesuras porque el botecito de jugo se había caído y Camila había escapado entonces solamente estábamos ahí en la cama mientras debajo de nosotros había un mar (el charco era mar, extensión infinita de jugo) que terminaría por ahogarnos con su cálida y dulzona boca de jugo-desayuno.
Entonces me despertaste.
Ella tenia mucho miedo y me decía con su voz llena de esperanza: ¿cuanto dura esto? La primera vez que lo dijo yo me asombré. Porque justo habíamos atravesado la puerta y montado en el torbellino aquel y entonces me pareció descabellado que preguntara eso. No sabia cuánto iba a durar ni tampoco cuándo iba a terminar, solo sabia que apenas había empezado y que aun no había pasado nada.
No te asustes, le dije, tu tranquila y despreocupada, relájate, la abrace y me dio miedo. Al instante siguiente me volvió a preguntar mirándome a los ojos: ¿cuándo va a terminar?. Yo no quise sostenerle la mirada porque inmediatamente sabia que me desconocería y se alejaría asustada. Eso descompondría todo. Así que la abrace y le dije: de veras, pronto va a pasar, no te asustes. Y la abrace mientras ella se dejaba recostar un poco sobresaltada.
Después se nos olvido. Nos cagamos de risa todo el tiempo porque me decía: Te quiero mucho, tu nunca me dices que me quieres, debes decirme: te quiero te quiero A no puedo vivir sin ti, te quiero tanto que casi muero, a ver, repítelo. Entonces yo lo repetía pero como soy un ruin descuidado me equivocaba. Entonces ella me decía: eres un pendejo. Eso me mataba de risa y a ella tambien.
Más tarde le decía: Hace un momento te reías de mi. Por qué me reía de ti. Porque… porque… ya se me olvido. Y llenábamos la noche de carcajadas infinitas y festivas. Loop.
Después hicimos el amor siete horas seguidas.
