Llueve. Uno tiene que ponerse el traje de villano y comprender que atrás no hay nada más. Córtame el cabello. Cuéntame de tus vestidos de caramelo donde sonríes esperanzada. Hoy he salido ocultando el cuerpo a la lluvia porque necesitaba alimentos. Estoy ahíto. Recuerdo cuando me abrazaste y dormiste protegida. Tengo que ser demonio.
Soñé que tenía libros de aventuras. Aprendí las historias lejanas y las memorice ambicioso. Después me dijeron acertijos, palabras mágicas. Pero no me dejabas escuchar con tu respiración de ensueño.
Después seguí durmiendo. Dime cual es el punto de no retorno para morirme de risa y seguir adelante. Estaban los viejos compadres. Rostros desconocidos.
Pero no tenía frío.
Otros días no. Otros días paseaba desenfadado en los desfiles esperando las recompensas. Al final la maestra Chela daba los mejores postres a los más favoritos. Entonces echaba risas y aparecía simpático. Y con mis ojos radiantes conquistaba a las audiencias. Y no odiaba a nadie.
Creo que ya entonces comprendía (y me encantaba) aparecer desnudo y sin falsos ropajes. Nada de horribles disfraces.
Recuerdo que eran días de sol. He sido lagartija asombrada desde el principio. De esas que se quedan mil años bajo los cálidos rayos solares del primo principal: el sol. Me agobian los días nublados.
Y entonces era feliz cuando el mundo aparecía iluminado y prometedor. Y era feliz y Nada me agobiaba ni me acongojaba. Y echaba desmadre y agradecía al dios todopoderoso que me cuida y me observa y se da cuenta de que todo el tiempo soy un puto pan alimenticio e inofensivo y que ayudo a mis compadres y amo a todas las formas vivientes que existen en este infinito y complicado y desconcertante y glorioso mundo perturbador.
Y tal.

Cuando era niño no me gustaba. Estaba en el preescolar y los días de festival me vestían con disfraces. Era un agobio eso. Recuerdo que me costaba mucho ir por la calle porque todo mundo se me quedaba viendo. Vestido de payaso o de perro con mis pantalones arrastrando y pintado de la cara. Tenia ganas de mandar a todos a tomar por culo pero me daba cuenta de que ni caso me harían. Seguro se cagarían de risa y dirían: “mira que simpático chamaquito”. Estaba atrapado.
Tengo fotografías donde aparezco con mi cara de retrasado sosteniendo un sombrero que me nadaba. En el festival de los animales con esas canciones pendejas donde había flores formadas que jugaban arbitrarias.
Un día tenia unas monedas y me escape de las ceremonias. Corrí por las calles donde vendían alimentos en medio de puestos de fiesta y me saque esas horribles ropas. Corrí desesperado y lloroso escapando de los festivos. Los odiaba.